miércoles, 14 de diciembre de 2022

COMPAÑÍA DE NAVEGACIÓN A VAPOR DEL RÍO SALADO. APOYO DE ALBERDI DESDE FRANCIA

 


Las provincias atravesadas por el Salado apoyaron en todo momento la obra de Rams, como en su oportunidad lo hicieron con Page. Santa Fe promulgó una ley que concedía a la empresa tierras para la colonización de las costas saladeñas¹6. Santiago, una vez comenzada la explotación cedería cien leguas cuadradas con el mismo objeto, y la provincia de Salta comisionó al doctor Pablo Saravia para que procediera a construir un camino, que desde Miraflores uniera el Salado con el Bermejo.

Pero Rams, no obstante las franquicias estatales recibidas y el apoyo de las provincias no contaba con el capital necesario para seguir adelante con sus proyectos. Viaja a Europa, en busca de apoyo financiero, y en el viejo mundo hizo editar un folleto en francés, casi desconocido entre nosotros, con el fin de publicitar a su empresa. Traduciremos algunos párrafos del mismo, que son realmente curiosos. El título era: Compagnie de Navigation a Vapeur du Rio Salado. Veamos la integración del Consejo Directivo de esta sociedad en comandita que giraba bajo la razón social de Esteban Rams y Cía. Aparte del propio Rams, lo integraban Norberto de la Riestra, Ministro de Hacienda de la Confederación; Constantino de Santa Mana, comerciante de Buenos Aires; doctor Nicanor Molina y Ramos Puig. de Paraná; y Domingo Crespo y José Cullen, de Santa Fe. Se describía al Salado de la siguiente manera:

«El Rio Salado, situado al norte de la Confederación Argentina es navegable sobre un recorrido de más de 1.500 kiómetros desde la ciudad de Santa Fe hasta la provincia de Salta. En comunicación con el Atlántico por el Paraná y el Río de la Plata, desde Santa Fe, el Salado atraviesa las provincias de Santa Fe, Tucumán y Salta, y las pone en comunicación con el sur de Bolivia. Este río servirá también para el transporte de los productos de la provincia de Jujuy, situada sobre su costa izquierda; y los de la muy rica de Catamarca, sobre su costa derecha».

Como podemos apreciar el redactor del folleto no era muy entendido en geografía argentina, como tampoco lo eran los destinatarios del mismo. Alberdi, embajador argentino en Francia, se sintió inmediatamente atraído por el proyecto de Rams, y se inhibió de separar de su cargo de cónsul argentino en París, a don Pedro Gil, gestor de la empresa de Rams, por las dificultades que esa medida ocasionaría en la marcha del proyecto. Así lo comunicaba el ilustre tucumano, al Ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación, en carta enviada el 24 de marzo de 1861.

De regreso a Santa Fe, Rams prepara una nueva expedición. Invita a participar en ella a destacados personajes, como el cónsul británico en Rosario, quien reseñó sus impresiones en una interesante descripción, y que estaba interesado en investigar «si realmente el algodón silvestre crecía en muchos miles de acres como se había informado, en varias comunicaciones a la Asociación Abastecedora de Algodón de Manchester. Estaba también encargado de averiguar la manera más conveniente de recoger y llevar a Inglaterra ese algodón, inquiriendo si había escasez de trabajo, u otra cualquier causa en el distrito>> 19.

La expedición, si bien tenía por objeto probar la navegación del rio, sería realizada esta vez por la costa. Salió del Hotel de Comercio de Santa Fe el 9 de noviembre de 1862 y pasaron sin ninguna dificultad por Esperanza, el Valle de la Soledad, y llegaron a Monte Aguara donde se detuvieron cuatro días a los fines de que el Ingeniero Cook, fue enviado por el Banco Maua de Río de Janeiro, estudiara este paraje, dentro del territorio santiagueño. De Monte Aguará regresaron a Esperanza y de esta Colonia se dirigieron a Gramilla, donde nuevamente esperaron al ingeniero Cook que terminara con sus investigaciones en el estero de El Bracho.

Y de allí todos juntos se dirigieron a Matará donde terminaron la expedición. Rams, en Santiago, con el apoyo de los Taboada y el concurso de los ingenieros Guillermo Cook, C. Albeck y Juan Hildebrand, preparaban los proyec tos para la canalización del río en el tramo del Bracho viejo, y en ese lugar el 25 de diciembre de 1863, una distinguida concurrencia, se dio cita, llena de fervor y optimismo, para inaugurar las obras de «Canalización, desmonte y limpieza del antiguo cauce del río Salado”20, Dio comienzo el acto el vicario de la provincia, presbítero Sebastián de Jesús Gorostiaga, bendiciendo las obras y después, el padrino del acto, el gobernador Taboada:

"...dio el primer azadonazo dentro del mencionado cauce, y el primer hachazo a uno de los árboles que allí había, continuando de la misma manera los demás presentes, se cantó un Tedeum invocando la protección del altísimo para la consecución de un fin que significa e importa la vida moral y física, no sólo de esta provincia, sino también de todas las del interior>>21

El gobernador Taboada, el senador Borges y el vecino Remigio Carol que usaron de la palabra recalcaron la gran importancia de la obra, al igual que empresario Rams, que agradeció a todos, «asegurando que no descansaría hasta ver surcadas las aguas del Salado por el vapor, que es el precursor de la civilización, de la riqueza y del bienestar de todo el país»22

MUERTE DE ESTEBAN RAMS Y RUPERY

Rams, a fines de 1865 firma con el gobernador de Santa Fe, representado por el Ministro Juan del Campillo, un plan de colonización de las costas del río Salado, en el que se comprometía a establecer en dichas colonias de tres mil a cinco mil familias extranjeras. El gobernador Nicasio Orono le había facilitado todos los medios necesarios para llevar adelante esta tarea, pero el valiente empresario encuentra la muerte, víctima del cólera, el 17 de abril de 1867, en los momentos precisos en que al frente de los vapores «Rosario» y «Ventura» y las chatas «Rudecinda» y «<San José», cargadas de poderosos elementos destinados a remover del río los obstáculos que impedían la navegación, se proponía coronar la obra por cuya realización tanto tiempo había suspirado en vano23. Con la muerte de Rams, no sólo terminó la vida de un gran visionario y patriota argentino. Terminó con él una idea que de ninguna manera era quimérica. Murió Rams con el pleno convencimiento de que el Salado era navegable: «tengo la certidumbre de poder asegurar a V.E. que en el mes de julio del próximo año subirá sin tropiezo alguno hasta este punto (El Bracho) y si se forma a la Compañía este año en Inglaterra (como espero) desde luego le puedo afirmar que en 1868 llegare con mi vaporcito a Matará y Sepulturas “24.

OTROS PROYECTOS DE NAVEGACIÓN DEL SALADO

Después de la muerte de Esteban Rams hubo algunas voces aisladas, que desde el Congreso Nacional o bien desde el periodismo en Santiago del Estero, propugnaban retornar a los viejos anhelos de encontrar una vía de comunicación hacia el Paraná, a través del Salado. El ingeniero Jesús Fernéndez, en un artículo publicado en el órgano del Centro Nacional de Ingenieros durante el año 1899 realizaba un interesantísimo que estudio socioeconómico sobre la canalización y navegación del Salado desde Icaño (Santiago del Estero) al sur y su alimentación por medio del río Dulce desde Estación Salavina.

También Alejandro Gancedo, a fin del siglo XIX, presentaba al Congreso el proyecto del canal navegable desde Santiago del Estero al río Paraná, en un trayecto de más de quinientos Kilómetros, al igual que el proyecto presentado en el año 1899 al Congreso Nacional por los señores Dutilloy y Cia. sobre un canal navegable que partiendo desde un punto cualquiera de Santiago del Estero llegaría hasta la laguna de Coronda en Santa Fe. Este último proyecto, a pesar de la opinión favorable de la Inspección de Obras Hidraúlicas de la Nación a cargo del ingeniero Baravino ni siquiera fue tratado.

CONCLUSIÓN

Sólo habían pasado escasos siete años de la muerte de Rams y Rupert y el proyecto de navegación del Salado moría irremediablemente. El «progreso bajo las formas del ferrocarril ingresaba por territorio santiagueño. La suerte había sido echada de antemano, por el capital inglés y sus aliados nativos al condenar a Santiago a ser la productora de los miles de kilómetros de durmientes para las vías férreas y los postes para los alambradas divisorios de las grandes estancias de la pampa húmeda, aprovechando sus interminables quebrachales.

De esta manera Matará, El Bracho, Suncho Corral, Icaño, Аñatuya y los pueblos del gran Chaco, no serían ya los grandes puertos sobre el Salado, puntos de embarque de los productos extraídos de los fértiles valles por donde este río cruza. Ni tampoco se convertirían en las grandes ciudades industriales, con modernos astilleros que aprovecharían los inmensos bosques seculares, como lo había hecho antes el baqueano Lino Belbey, para construir una gran flota fluvial que comunicaría a través de los ríos del gran Chaco a las «provincias pobres» del interior y a nuestras hermanas americanas de Bolivia y el Paraguay con el litoral atlántico.

Por el contrario. Se fundarían nuevas ciudades a la vera del ferrocarril. Se aislaría con el trazado de las vías férreas a la capital y a las tradicionales poblaciones. Los antiguos pobladores, atraídos por la «ilusión del bosque», abandonarían sus hábitos agrícolas-pastoriles para internarse en los obrajes. Sobrevendría la explotación forestal y la devastación más inicua e irracional que conoce la historia de los bosques del Chaco santiagueño y con ella, poco a poco, como en una lenta <<agonía» al decir de Orestes Di Lullo, la muerte de los «viejos pueblos>>.

Comprender la historia pasada es también poder analizar el presente y de esta manera tratar de elaborar y construir nuestro porvenir. Pero, ¿alguien cree, todavía, el pensamiento de Alberdi, Vicente Quesada, Mariano Fragueiro, Manuel Leiva, Jesús Fernández y Alejandro Gancedo sobre el futuro de Santiago del Estero y de las provincias interiores es cosa perteneciente al pasado?

La canalización y navegación del Salado y del Bermejo, así como el aprovechamiento integral de las aguas del Paraguay y del Uruguay, entrelazándonos fraternalmente con Bolivia, Paraguay y Brasil, no es historia pasada, es el presente más inmediato y la clave del futuro y también la posibilidad concreta de recorrer nuevamente el camino trazado por San Martín, Artigas y Bolívar.

 

Fuente: Libro "Hacha y Quebracho" de Raul E. Dargoltz

martes, 26 de julio de 2022

La crisis climática llegó, y con fuerza, a América Latina

 


Los fenómenos meteorológicos extremos y los impactos del cambio climático están afectando a América Latina y el Caribe, de la Amazonia a los Andes y desde los océanos hasta los confines de la Patagonia cubiertos de nieve, reiteró este viernes 22 la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Los riesgos hidrometeorológicos -como las sequías, las olas de calor y de frío, los ciclones tropicales y las crecidas- “han causado la pérdida de cientos de vidas, ocasionado graves daños en la agricultura y la infraestructura, y provocado desplazamientos de población”, dijo Petteri Taalas, secretario general de la OMM.

El informe de la OMM “El estado del clima en América Latina y el Caribe 2021” se expuso en una conferencia técnica regional para los países de América del Sur, organizada por esa agencia de las Naciones Unidas en esta ciudad a orillas del Caribe.

En ese reporte se resaltan las repercusiones del cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos, sobre los ecosistemas, la seguridad alimentaria e hídrica, la salud de las personas y la lucha contra la pobreza.

Las tasas de deforestación fueron las más elevadas desde 2009, y ello no solo perjudicó al ambiente, sino que además socavó las iniciativas de mitigación del cambio climático.

Los glaciares andinos han perdido más de 30 % de su superficie en menos de 50 años, y en toda la región algunos simplemente están desapareciendo.

La “megasequía” que azota la zona central de Chile es la más pertinaz en lo que va de siglo, y en la cuenca del Paraná-Plata los daños a la agricultura causados por la sequía redujeron las cosechas, en especial las de soja y maíz, y ello afectó a los mercados agrícolas mundiales.

En el conjunto de América del Sur, las condiciones de sequía provocaron un descenso de 2,6 % en la cosecha de cereales de 2020/2021 con respecto a la temporada anterior.

Por contraste, precipitaciones extremas ocasionaron crecidas y deslizamientos de tierra, con cientos de víctimas mortales, decenas de miles de viviendas destruidas o dañadas y cientos de miles de desplazados. En solo dos estados brasileños -Bahía y Minas Gerais- las pérdidas materiales se estimaron en 3100 millones de dólares.

La tendencia al calentamiento en la región ha continuado: la tasa media de aumento de las temperaturas fue de 0,2 grados centígrados por década entre 1991 y 2021, frente a 0,1 grados por década registrados entre 1961 y 1990.

“Se prevé que la creciente subida del nivel del mar y el continuo calentamiento de los océanos sigan afectando a los medios de subsistencia, el turismo, la salud, la alimentación, la energía y la seguridad hídrica en las zonas costeras, en particular en las islas pequeñas y los países de América Central”, dijo Taalas.

El nivel del mar en la región continuó subiendo a un ritmo más rápido que a escala mundial, sobre todo a lo largo de la costa atlántica al sur del ecuador, y en el Atlántico norte subtropical y el golfo de México.

Taalas indicó que “para muchas ciudades andinas, el deshielo de los glaciares representa la pérdida de una importante fuente de agua dulce que actualmente se destina a uso doméstico, riego y generación de energía hidroeléctrica”

En el conjunto de América del Sur “la continua degradación de la pluviselva amazónica sigue siendo uno de los principales motivos de preocupación, tanto para la región como para el clima a escala mundial, habida cuenta de la función que desempeña ese tipo de bosque en el ciclo del carbono”, añadió Taalas.

Un total de 7,7 millones de personas en Guatemala, El Salvador y Nicaragua experimentaron altos niveles de inseguridad alimentaria en 2021, a lo que contribuyeron factores como el efecto continuado de los huracanes Eta e Iota de finales de 2020 y las repercusiones económicas de la pandemia.

Por su parte, Mario Cimoli, a cargo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), destacó que el agravamiento del cambio climático y los efectos combinados de la covid-19 no solo han afectado a la biodiversidad de la región.

“También han estancado décadas de progreso contra la pobreza, la inseguridad alimentaria y la reducción de las desigualdades en la región”, dijo Cimoli.

En toda la región hubo 175 desastres durante el período 2020-2022, y 88 % de ellos  se debieron a causas meteorológicas, climatológicas o hidrológicas. Fueron causa de 40 % de las muertes debidas a desastres y de 71 % de las pérdidas económicas.

Para reducir los efectos adversos de esta situación se requieren inversiones sostenibles y servicios climáticos con sistemas de alerta temprana de extremo a extremo que aún no se han desplegado adecuadamente en la región, es una conclusión central del informe de la OMM.

Fuente: ipsnoticias.net

A-E/HM

viernes, 15 de julio de 2022

Más de 20 años de soja al cuello

 El 25 de marzo de 1996, el secretario de Agricultura de Carlos Menem, Felipe Solá, autorizó con un trámite express el ingreso de la soja transgénica, basado en estudios de Monsanto. Aumentó el uso de glifosato. Record de desmontes y desalojos


Por Darío Aranda

Paseo Colón 982. 25 de marzo de 1996. El gobierno de Carlos Menem autoriza la primera soja transgénica y ya nada volvería a ser igual. Un cambio drástico para la agricultura de Argentina, aprobado en un trámite express de sólo 81 días y en base a estudios de la propia empresa Monsanto. Dos décadas después, el 60 por ciento de la tierra cultivada tiene un solo cultivo y se utilizan, cada año, 200 millones de litros de glifosato. Cuantiosos ingresos para el país, pero también consecuencias: record de desmontes, uso masivo de agrotóxicos, desalojos a campesinos y pueblos indígenas, concentración de tierras en pocas manos. Veinte años de una Argentina transgénica.

Felipe Solá, secretario de Agricultura de Menem, firmó el expediente de aprobación de la soja transgénica. En 2011, un grupo de seis científicos de distintas disciplinas realizó una lectura del informe. Confirmaron que la autorización no contaba con estudios sobre efectos en humanos y ambiente, la información era incompleta y cuestionaron que el Estado argentino no haya realizado investigaciones propias. “El expediente de aprobación es, desde el punto de vista científico, tendencioso, arbitrario y poco científico. La mayor parte de los resultados en puntos de extrema importancia como consumo humano, o los tests ecotoxicológicos en ratones, pollos y peces, corresponden a las propias investigaciones de Monsanto. Son juez y parte”, denunció Norma Sánchez, profesora titular de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP) e investigadora independiente del Conicet.

La soja transgénica pasó de seis millones de hectáreas a doce millones (en 2003) y veinte millones (en 2015). Las exportaciones fueron millonarias. El investigador Tomás Palmasino, del Instituto Gino Germani de la UBA, precisó que, entre 2002 y 2013, Argentina exportó 158.000 millones de dólares (en poroto, harina y aceite de soja).

En economía se refiere como “externalidades” a las consecuencias no deseadas (y que las empresas no rinden cuentas). El desmonte es una “externalidad” del agronegocio. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (de la ONU), donde participan más de 300 científicos de todo el mundo, alertó en 2014 que el 4,3 por ciento de la deforestación global ocurre en Argentina. Hernán Giardini, de Greenpeace, precisó que, desde 1998 hasta 2014, fueron arrasadas 5.123.065 hectáreas. “Equivale a 300.000 hectáreas por año, una hectárea cada dos minutos”, afirmó Giardini. El 80 por ciento de la deforestación se concentra en Santiago del Estero, Salta, Formosa y Chaco, todas provincias en las que avanzó el modelo agropecuario transgénico.

Según los censos agropecuarios de 1988 y 2002, en ese período desapareció el 25 por ciento de las explotaciones agropecuarias (104.000 fincas). Hay coincidencia de científicos sociales en que el número de chacras siguió en caída, pero no hay censo agropecuario completo desde hace catorce años. Datos del INTA confirman la concentración de tierras: el dos por ciento de las explotaciones agropecuarias cuenta con el 50 por ciento de la tierra cultivable.

La Red Agroforestal Chaco Argentina (Redaf) es un espacio interdisciplinario donde confluyen quince organizaciones que trabajan en el Norte del país. Releva los conflictos de tierra y ambientales que suceden en la región conocida como “Chaco argentino” (Formosa, Santiago del Estero, Chaco, este de Salta, norte de Santa Fe y Córdoba). En marzo de 2013 publicó su informe “Conflictos sobre tenencia de tierra y ambientales”. Relevó 248 disputas territoriales, que afectan a 1.580.580 personas en una superficie de 11.824.660 hectáreas. La mayoría de los conflictos relevados (ocho de cada diez) se inició a partir del año 2000. “Coincidiendo con el impulso del modelo agroexportador y la expansión de la frontera agropecuaria en la región chaqueña”, señala en las conclusiones. Redaf explica que para el sector privado (empresarios y productores capitalizados) y el Estado, “lo que está en juego es la imposición de una forma de producción basada en el agronegocio en gran escala, destinado sobre todo a la exportación. La tierra les representa un bien económico necesario para producir con rentabilidad, sin importar los costos ambientales, culturales y sociales que impliquen”.

La Red de Médicos de Pueblos Fumigados precisó que el uso de agrotóxicos pasó de 30 millones de litros (en 1990) a 300 millones anuales en 2011 (200 millones son glifosato). De dos litros del herbicida glifosato por hectárea se incrementó a entre ocho y doce litros. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, en su reciente publicación “Los plaguicidas agregados al suelo y su destino en el ambiente”, advirtió que los agroquímicos permanecen durante meses en el suelo, afectan cursos de agua, y cuestionan que Argentina es el país con más uso de químicos y menos “eficiente” en la producción de granos. “El actual modelo de agricultura industrial o modelo extractivo ha pretendido que la química (los plaguicidas) controle a la biología, simplificando así la toma de decisiones. Sin embargo, dentro de este modelo, no se ha tenido en cuenta que el uso excesivo de plaguicidas pone en serio riesgo al recurso suelo”, afirmaron los investigadores del INTA.

 Andrés Carrasco, científico que en 2009 confirmó los efectos letales del glifosato y luego sufrió un ataque de las corporaciones transgénicas (fallecido en 2014), definió al modelo de agriculturaquímica en Argentina como un “experimento masivo a cielo abierto”.

Fuente: Pagina/12

miércoles, 22 de junio de 2022

Corte Suprema de Estados Unidos ratifica condena a Monsanto

 Un hombre había demandado a Monsanto al afirmar que su cáncer se debió al herbicida Roundup, el cual usó por 25 años y acusó al grupo de engañar a los usuarios al asegurar que el glifosato era inofensivo.


La Corte Suprema de Estados Unidos rechazó este martes (21.06.2022) un recurso de Monsanto, propiedad del grupo alemán Bayer, con lo que ratificó de forma definitiva la sentencia que le condenaba a pagar 25 millones de dólares a un jubilado que atribuye su cáncer al herbicida Roundup.

El tribunal no ha justificado su decisión, la cual puede acarrear graves consecuencias al grupo, objeto de más de 30.000 denuncias similares. Bayer afirma haber reservado 4.500 millones de dólares adicionales para hacer frente a nuevos procedimientos judiciales.

"Bayer discrepa respetuosamente con la decisión de la Corte Suprema", pero "está completamente preparado para afrontar el riesgo legal asociado con posibles futuras denuncias en Estados Unidos", reaccionó el grupo en un comunicado.

La compañía dice "no admitir ningún fallo ni responsabilidad" y "sigue apoyando sus productos Roundup, una herramienta valiosa para una producción agrícola eficaz en el mundo", agregó.

Edwin Hardeman, a quien se le diagnosticó un linfoma de Hodgkin en 2015, fue uno de los primeros en demandar a Monsanto al afirmar que su cáncer se debió al herbicida que usó en su propiedad durante 25 años y acusó al grupo de engañar a los usuarios al asegurar que el glifosato era inofensivo.

Monsanto insiste en que ningún estudio ha concluido que el glifosato y Roundup, el cual se comercializa desde la década de 1970, son peligrosos.

El grupo alemán Bayer compró el estadounidense Monsanto en 2018 por 59.600 millones de euros.

Fuente: dw.com

 

sábado, 28 de mayo de 2022

“En Santiago del Estero se ha naturalizado la usurpación”, afirma Marisa Figueroa, que apunta también contra “los punteros que se dejan crecer la barba y se sienten revolucionarios”

 


“Imayna purinki”, dice a modo de saludo. Y luego de ese “¿Cómo estás?” en quichua que tiene un sonido tan dulce y cantarino, Marisa nos cuenta sobre la dura realidad que se vive en Santiago del Estero en muchos aspectos, pero sobre todo vinculada a la usurpación de tierras de campesinos, en ocasiones avaladas por… ¡movimientos campesinos!

 “El movimiento ´Santiagueños en defensa de la vida rural´ surge de una asamblea autoconvocada en marzo 2021 cuando el sur de Santiago ardía en violencia por las usurpaciones en los departamentos Mitre, Quebracho, Aguirre y Ojo de agua”, explica Marisa Figueroa, trabajadora social, de familia santiagueña, y que vivió en Buenos Aires hasta hace un par de años, cuando decidió volver a la tierra de sus orígenes.

“Hoy vivimos una situación terrible y paradójica, donde funcionarios vinculados con el poder y movimientos que dicen proteger al campesinado, son cómplices o protagonistas de las usurpaciones”.

-Resulta difícil de entender…

 -Si, y muy penoso. El Mocase (Movimiento Campesino de Santiago del Estero) arranca en los años 80 con el noble objetivo de reivindicar los derechos de los campesinos. Fue una gesta necesaria y muy valiente, al enfrentarse en ese entonces con el juarismo. Pero años más tarde, la dirigencia comienza a ser cooptada por la política partidaria, perdiendo la potencialidad de sus reclamos. Pero yo diría que el “punto de inflexión” se da con el ingreso de la organización Vía Campesina hacia fines de la década del 90.

 -¿Y por qué eso fue un problema?

 -Porque el Mocase se divide, y si bien hoy las dos ramas del Mocase cuentan con funcionarios en el gobierno, el Vía Campesina incorpora identidades ajenas a la del hombre y la mujer rural, más bien vinculadas a las identidades de la “agenda global”. Desde entonces, el Mocase incorpora la cuestión indígena.

-¿Y eso está mal?

 -Desde ya que aquí la gran mayoría nos reconocemos descendientes no solo de indígenas sino también afrodescendientes, pero lo que quiero decir, es que nunca existió conflicto ni complejo identitario. En muchos parajes se continúa hablando la quichua. Hoy, este movimiento se define como indígena campesino feminista y popular. Y esto vino de la mano de los proyectos con financiación que comenzaron a bajar de diversos ministerios; pero sobre todo, con la posibilidad de acceder a una personería jurídica como comunidad indígena otorgada por el INAI. La famosa carpeta técnica de relevamiento territorial que se otorga, ha servido en muchos casos, para traer tranquilidad a comunidades campesinas tradicionales contra el avance de la venta fraudulenta de tierras en la provincia; pero en otros casos, la dirigencia canalla ha salido abiertamente a usurpar tierra campesina, amparándose en ese relevamiento del INAI.

El movimiento campesino santiagueño se ha alejado de sus orígenes.

-¿Y cuál es el origen o el verdadero movimiento campesino santiagueño?

 -La resistencia desde el arraigo y la relación con la tierra. El vínculo directo con la producción de alimentos y la sabiduría ancestral. Yo soy hija, nieta y bisnieta de santiagueños, la  primera generación que nació en Buenos Aires y ya regresó. Comprendo el dolor que provoca el desarraigo, lo viví con mis padres. Hace 3 años que volví a Santiago y soy consciente que traigo también una mirada urbana. Y todo el tiempo me choco con esta otra forma de ver el mundo. Tremendo aprendizaje y lleva su tiempo. Por eso no comprendo al que viene de la ciudad a imponer “su paradigma”. Una vez le pregunté a una prima que tenía 4 niños y estaba embarazada, si pensó en abortar o ligarse las trompas. Con la mirada me respondió y hasta se podría decir que “me enseñó”. Con esto no quiero decir que no se practiquen abortos en el campo, sino que lo que para mí podría ser hasta lógico, en la ruralidad es hasta desubicado. Los niños siguen siendo una bendición, vengan los que vengan. Y esto sucede todo el tiempo. En los últimos años han hecho base en la ruralidad movimientos cartoneros, de la economía social, etc. Y vienen sus técnicos a dar cursos de agroecología, a campesinos que incluso conservan su propia semilla por fuera de las del INTA, porque lo han hecho siempre y sostienen que su sandía es insuperable. Pero también instalan sus merenderos, sin siquiera consultar cuales son las necesidades del lugar. En la ruralidad los merenderos no son necesarios.

-¿En serio no son necesarios?

-Claro que no, porque pueden faltar muchas cosas en el campo: luz, agua potable, caminos y hasta un tractor para mejorar las condiciones de trabajo de un campesinado que trabaja la tierra con sus caballos; pero hambre no hay. En muchísimos parajes, nos manejamos con una economía casi precapitalista y de intercambio donde –por ejemplo- si un vecino cosecha sus zanahorias, todos los vecinos podemos ir a buscar una bolsa, y así con todas las verduras y frutas. Aquí el campesino se autoabastece, vende el excedente y además comparten con los vecinos. Estos movimientos vienen a instalar su proyecto político

-Pero si las personas no tienen problemas de hambre, ¿para qué irían a esos comedores?

 -La gente va a los merenderos porque los anotan para los planes sociales. Luego los bajan y de esa forma comienza la construcción política en los parajes. Ya están los votos asegurados para las elecciones de comisionados. La particularidad del Mocase Vía Campesina es que tiene vínculos con ministerios y secretarias nacionales y provinciales, además de funcionarios, aunque la mayoría de su dirigencia no es campesina y trae “las mañas” de los punteros que conocemos de los conurbanos. Se dejan crecer la barba y se sienten revolucionarios. Cuando encabezan algunas usurpaciones a campesinos, en su relato hacen referencia a “recuperar territorio ancestral”

-¿Usted no tiene luz?

-Vivo a 35 kilómetros de Santiago capital y no, no hay luz, y son parajes antiquísimos. Solo tenemos agua de pozo que, aunque no se puede tomar por el alto nivel de arsénico, la tomamos igual. Acá el tema del agua también es clientelar, tenemos que llevarnos bien con el delegado local, porque él decide si te trae o no el camión para rellenar el tanque. En mi caso, como tuve un conflicto con la comisionada local por usurpación, toda mi familia se vio perjudicada. Hace más de dos años que tenemos que recurrir al paraje vecino para solicitar el agua.

-¿Cómo se relaciona todo esto con la usurpación?

 -Son casi 70 años de una provincia feudal, sin acceso a la información y con el terror a las represalias, la gente pierde toda expectativa de vivir mejor. Eso te va quebrando y no tenés cómo defenderte. Es un caldo de cultivo para que el fenómeno de la usurpación se haya potenciado tanto en estos últimos años, y sobre todo en la zona de riego. Acá no hay Estado de derecho porque no hay división de poderes: no hay ni un solo juez que llegue por concurso, son todos designados por el Ejecutivo. En muchísimos casos los usurpadores son funcionarios o personas muy vinculadas con el poder que, aprovechando la ausencia de regularización dominial, realizan prescripciones y escrituran las tierras a su nombre en tiempo récord.

-¿Ese es el argumento para la expropiación?

 -Uno de ellos. Hoy el argumento más absurdo para despojar a los campesinos, es el que tienen como víctima a la familia Ardiles de Chaguar Punco, quien aún con un título perfecto que data de 1976; el presidente del Superior Tribunal de Justicia, Eduardo López Alsogaray, los desposeyó de sus 30 hectáreas para apropiárselas él, aduciendo ser “heredero” por su tátara tía, quien poseía una merced del año 1700, por la que el gobernador de entonces “le donaba toda la zona”. No es ficción. Encontraras detalles en las redes. Sea cual fuere el mecanismo, hoy el enemigo es el campesino agricultor y criancero; porque ha sabido resistir con autonomía todas las crisis. Por eso los despojan de sus tierras y los hacinan en las ciudades, para que dependan del plan y el bolsón.

 -¿A usted le usurparon tierras?

 -Sí, ya que hay una tercera modalidad de usurpación. En mi caso un escribano ingresó al campo de mi padre, que consta de 10 hectáreas, por el sur. Topadora mediante volteó nuestros árboles más añejos y abrió una acequia clandestina. Mientras por el norte, el comisionado levantaba una vivienda social para un puntero político. Todo en apenas días. La estrategia ante nuestra denuncia es: “yo compré al poseedor de la vivienda social”. Nosotros contamos con escritura, impuestos al día, etcétera, y por eso no abandonamos la pelea por recuperar nuestra tierra, pero la mayoría de los damnificados por este escribano no tienen las mismas herramientas. Ojo, pasa con escribanos, diputados, intendentes… En Santiago del Estero, es como que se ha “naturalizado” la usurpación, es una zona liberada. Entonces nuestra Asamblea nace para denunciar todo esto, ya que no existía en la provincia un espacio donde las personas se animen a contar la tragedia que nos atraviesa. Fue tanta la gente que comenzó a denunciar que hasta vino el equipo de Telenoche, hicieron un gran informe, se llevaron mucho material… pero nunca salió al aire. Eso demuestra el enorme poder que sostiene este avasallamiento. Nosotros seguiremos defendiendo el arraigo y la vida rural.

Fuente: bichosdecampo.com

domingo, 15 de mayo de 2022

La verdadera historia de la Tierra plana

 


Hace más de dos mil años Aristóteles demostró que la Tierra es esférica y Eratóstenes midió su circunferencia. Sin embargo, hoy aún hay quien quiere demostrar su planicidad

La Tierra es plana. Y para demostrarlo, no hay más que propulsarse con un cohete de fabricación casera a medio kilómetro de altura y desde allí sacar una foto para constatar que no existe una curvatura en el horizonte. ¿Les parece una idea descabellada? A Mike Hughes no. Por eso hace tiempo que se popularizó anteponer un “Mad” –loco, en inglés– a su nombre.

Este estadounidense sexagenario, conductor de limusinas de profesión, está convencido de que la comunidad científica ha engañado a la humanidad diciendo que la Tierra tiene forma esférica. Y lleva años recaudando fondos para la construcción de su propio cohete. Después de varias misiones canceladas por dificultades técnicas o por la negativa de las autoridades a permitir el lanzamiento desde tierras de titularidad pública, el pasado 25 de marzo de 2018 por fin lo consiguió.

Lo de lanzarse, no lo de demostrar que la Tierra es plana –o con forma de frisbee, para ser más precisos–. Ese día, “Mad” Mike Hughes avanzó verticalmente a una velocidad de 563 km/h y alcanzó los 571 m de altura sobre el desierto de Mojave, en California, antes de desplegar su paracaídas. Sin embargo, continuó cayendo demasiado rápido y tuvo que hacer uso de uno extra para evitar un aterrizaje brusco. Cuando el equipo médico acudió en su ayuda, apenas se podía mover.

Que la Tierra es esférica lo sabemos desde hace más de dos mil años. Por eso resulta chocante, incluso cómico, que a día de hoy todavía existan, como en el caso de “Mad” Mike Hughes, firmes defensores de su planicidad. Y que cinco siglos después del fallecimiento de Cristóbal Colón perdure la leyenda –recogida, además, por algunos libros de texto– de que el descubrimiento de América permitió demostrar que la Tierra es redonda, para sorpresa de sus contemporáneos.

La esfera inmóvil

Es cierto que al principio de la Antigüedad clásica hubo filósofos que mantuvieron que la Tierra era plana y otros, en cambio, que era cilíndrica. Pero, a partir del siglo IV a. C., a casi nadie le quedaba duda acerca de su esfericidad. En esa etapa, la concepción de Aristóteles (384-322 a. C.) se convirtió en el paradigma tradicional. Para el pensador griego, nuestro planeta era una esfera inmóvil situada en el centro del cosmos, y los cuerpos celestes se desplazaban a su alrededor en perfectas y concéntricas esferas.

Como resultado de sus observaciones, Aristóteles presentó varias pruebas empíricas que respaldaban su teoría. Apuntó, por ejemplo, que vemos estrellas diferentes en el horizonte en función de nuestra latitud. O que el cascarón de un barco desaparece de nuestra vista antes de que lo haga el mástil. Además, constató que hasta se puede observar la curvatura terrestre durante la fase parcial de los eclipses lunares.

Aproximadamente un siglo más tarde, a Eratóstenes (276-194 a. C.) no le hizo falta ningún tipo de tecnología para calcular la circunferencia de la Tierra con un escaso margen de error. Por referencias obtenidas de un papiro de la Biblioteca de Alejandría, de la que estaba al mando, el célebre matemático, astrónomo y geógrafo griego sabía que, en Siena (hoy Asuán, Egipto), el día del solsticio de verano los objetos verticales no proyectaban sombra alguna a mediodía.

Y quiso saber si ocurría lo mismo en Alejandría. Para ello, clavó una vara en el suelo el mismo día y a la misma hora para medir el ángulo de su sombra. Después tomó como referencia la distancia estimada por las caravanas que comerciaban entre ambas ciudades. Y fue así como, utilizando sencillos cálculos de trigonometría, llegó a la conclusión de que la circunferencia de la Tierra era de 252.000 estadios, es decir, unos 40.000 km.

¿Gente en las antípodas?

 Tanto los Padres de Iglesia como los primeros autores medievales aceptaron las bases filosóficas de la esfericidad del globo que habían presentado los griegos. La Biblia no contiene ninguna descripción clara sobre el aspecto físico y el tamaño de la Tierra, observó san Agustín de Hipona (354-430), por lo tanto, no había motivos para dudar de las evidencias aportadas por aquellos filósofos.

El gran pensador del cristianismo sí que participó en el debate acerca de la posible existencia de habitantes en las antípodas. Por entonces, se consideraba que la Tierra estaba dividida en zonas de clima en función de su distancia del Sol. Un clima frío en los polos norte y sur, un clima tórrido mortal cerca del ecuador y un clima suave entre este y los polos. En opinión de san Agustín, nadie podría haber cruzado la vastísima extensión del océano para establecerse en la zona del clima tórrido (antípodas). Además, la idea chocaría con la visión cristiana de una humanidad unificada.

Anteriormente, el escritor latino Lactancio (245-325) había calificado la hipótesis de “locura”. “¿Existe alguien tan insensato como para creer que hay personas cuyas huellas están más altas que sus cabezas? ¿Que las simientes y los árboles crecen cabeza abajo?”, se preguntaba.

El monje inglés Beda (672-735), una de las grandes figuras de la Alta Edad Media –se le apodó “el Venerable” todavía en vida–, explicó la duración desigual de la luz del día por “la redondez de la Tierra, no sin razón llamada ‘el orbe del mundo’ en las páginas de las Escrituras Sagradas y la literatura ordinaria. Es, de hecho, como una esfera en mitad del universo entero”.

La gran cantidad de manuscritos hallados de su De Temporum Ratione, al que pertenece la cita, hace pensar que muchos monjes debían de estar al tanto de sus ideas por aquella época. Tampoco en la Baja Edad Media, período durante el cual se incrementó el estudio de la naturaleza, se puso en duda la forma del globo terráqueo, como demuestran los escritos de santo Tomás de Aquino o de Dante Alighieri (1265-1321), por ejemplo.

 Este último planteó en su Divina comedia un modelo del cosmos en el que la Tierra sería una esfera y el infierno, un agujero subterráneo excavado por Satanás, que también alzó la montaña del purgatorio en el otro extremo. Claro que su intención era más poética que científica.

 Aquí llega el error

Llegamos a la era de las exploraciones de los siglos XV y XVI, en la que imperaba una visión terraplanista de nuestro planeta... O eso es lo que sostuvieron, sin argumentos, algunos autores posteriores, como el diplomático y escritor estadounidense Andrew Dickson White (1832-1918), que popularizó la creencia de que los marineros tenían miedo a caerse por el borde de la Tierra si se adentraban demasiado en el océano. Cristóbal Colón nunca mencionó algo así en ninguno de sus escritos.

Como tampoco es cierto que el navegante tuviera que luchar contra la ignorancia de los que se negaban a admitir la esfericidad del globo, tal como postuló otro escritor estadounidense, Washington Irving (1783-1859), que invirtió tres años en España para recomponer la biografía de Colón.

Lo que se discutía en aquella época era la amplitud del océano. Por tanto, el llamado “mito de la Tierra plana”, que defiende que el Medievo fue un período de oscurantismo que se cargó de un plumazo el conocimiento que tenían los antiguos filósofos griegos sobre la forma del mundo, no es más que un invento moderno.

Esta idea se propagó como la pólvora a partir del siglo XIX con figuras como Parallax, seudónimo con que el inventor inglés Samuel Birley Rowbotham (1816-84) firmó el panfleto La Tierra no es un globo (1849), más tarde convertido en un libro de 430 páginas.

De acuerdo con su sistema, al que Rowbotham llamó Astronomía Zetética, la Tierra es un disco plano centrado en el polo norte y delimitado a lo largo de su perímetro por una pared de hielo. El Sol, la Luna, los planetas y las estrellas estarían moviéndose tan solo a unos cientos de kilómetros sobre la superficie terrestre. Tras la muerte de Rowbotham, sus seguidores fundaron la Universal Zetetic Society (Sociedad Zetética Universal), que estuvo activa hasta poco después de la Primera Guerra Mundial.

En 1956, Samuel Shenton la revivió bajo el nombre de The Flat Earth Society (la Sociedad de la Tierra Plana), que en la actualidad lidera el movimiento terraplanista en todo el mundo. Sus socios sostienen que existe una conspiración para ocultar que la Tierra no es una esfera, y para desmontarla celebran incluso congresos o patrocinan hazañas tan extravagantes como la de “Mad” Mike Hughes y su cohete casero.

Son muchas las personas en todo el mundo que creen ciegamente en las teorías de la Flat Earth Society. En 2016, a la celebrity estadounidense Tila Tequila se le ocurrió publicar una serie de tuits en los que se preguntaba, por ejemplo, “por qué si la Tierra es redonda los aviones pueden aterrizar sin estrellarse”.

 También es famoso el caso del rapero B.o.B., que en 2017 lanzó una campaña de micromecenazgo para recaudar un millón de dólares con el fin de enviar un satélite al espacio y fotografiar el planeta. Porque las imágenes de la NASA le parecen trucadas.

 Es lo mismo que piensa Oliver Ibáñez, el youtuber que, aquel año, se atrevió a decirle al mismísimo Pedro Duque, el primer astronauta español que viajó al espacio, que “la gente cree que la Tierra es plana e inmóvil porque así lo indica el método científico y la simple observación. La Tierra bola, en cambio, está basada en teorías que jamás se han comprobado y en imágenes fraudulentas creadas por ordenador”. Así, sin más. Porque cuando la creencia se impone, no hay hechos contrastados ni argumentos racionales que valgan para algunos.

 Fuente: RevistaHistoria y Vida.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Las deudas ambientales de Argentina en 2021: bosques descuidados, sequía y acciones contrarias a los compromisos climáticos

 


Contradicciones, dobles discursos y profundas distancias entre las intenciones y los hechos conforman el nudo central de un año en el cual, al mismo tiempo y paradójicamente, las cuestiones ambientales han logrado ganar terreno en las agendas de interés público y político de la Argentina.

El país debió atravesar en 2021 los meses más duros de la pandemia de COVID-19, y pese a que en el segundo semestre las cifras de producción industrial han mostrado un fuerte grado de recuperación, la atención del país hacia el cambio climático y la biodiversidad se vio condicionada por otras variables económicas. El resultado ha sido la adopción de varias medidas contrarias a los compromisos adquiridos por el gobierno en los foros internacionales.

Los índices de pobreza y marginalidad, y una inflación incontenible cercana al 50 por ciento anual, sumados a la falta de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para refinanciar una impagable deuda de 44 mil millones de dólares inciden de manera fundamental en los presupuestos del Estado y, como sostiene María Elina Serrano, ingeniera hidráulica y ex Ministra de Ambiente de la provincia del Chaco: “Sin presupuesto no hay política ambiental ni de actuación contra el cambio climático posibles. No alcanza solo con saber lo que hay que hacer”.

Dentro de este contexto, el año conoció los vaivenes habituales, con noticias positivas o esperanzadoras, algunas preocupantes y otras decididamente malas hasta dibujar un mapa de situación que no deja conforme a casi nadie.

Lo peor: cada sector mira solo su propia realidad

“Lo que ocurrió en la COP26 fue vergonzoso”, sentencia Gastón Tenenbaum, activista y uno de los fundadores de la organización Jóvenes por el Clima, quien estuvo presente en la cumbre climática celebrada en Glasgow, Escocia. “El ministerio de Producción decía cosas diferentes al de Agricultura y Ganadería o a la Secretaría de Energía, y todos a su vez, distintas a lo que opinaba el ministerio de Ambiente”, relata antes de preguntarse: “¿Qué Plan Nacional de Adaptación y Mitigación del Cambio Climático (PNAMCC) se puede tener a largo plazo si no logran ponerse de acuerdo ni dentro del gobierno?”.

Debido a estas desavenencias, según los especialistas y científicos que han seguido las negociaciones, Argentina no logró presentar en la cita de Escocia una estrategia concreta de descarbonización hacia el año 2050, y tampoco un plan realista de las medidas que el país piensa implementar para cumplir los compromisos de NDCs (contribución de limitación de gases de efecto invernadero) asumidos y anunciados por el presidente Alberto Fernández en noviembre de 2020. “La participación de nuestro país ha demostrado falta de consistencia entre lo discursivo y lo ejecutivo, y evidencia fuertes contradicciones y falta de definiciones políticas de alto nivel”, opina al respecto Manuel Jaramillo, presidente de la Fundación Vida Silvestre Argentina.

Esta ausencia de una mirada que represente una posición clara y unificada desde el Estado estuvo presente en los distintos problemas ambientales que debieron resolverse durante 2021.

El tratamiento a los humedales, que ocupan el 21 por ciento de la superficie del país, es uno de los mejores ejemplos. En la campaña electoral previa a las elecciones legislativas de noviembre, varias agrupaciones políticas mencionaron de manera expresa la necesidad de promulgar una ley que lleva cuatro intentos de aprobación sin éxito alguno, pero sin embargo el período de sesiones ordinarias amenaza con cerrarse sin que los proyectos lleguen siquiera a tratarse. “Sería consecuente que los actuales legisladores de las diferentes bancadas movilizaran el tratamiento de la ley, pero eso no ocurre”, dice Jaramillo.

La extrema sequía padecida en buena parte del país, y que afectó de manera particular a la extensa cuenca del río Paraná, y los incendios que se repitieron otra temporada más en el delta, próximo a su desembocadura en el Río de la Plata, parecieron agilizar el trámite en un momento del año. La Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano de la Cámara de Diputados dio su visto bueno, pero el proyecto quedó trabado en la Comisión de Agricultura y Ganadería, uno de los tres sectores contrarios a una norma que podría limitar sus actividades, junto al minero y el inmobiliario.

“Más de 30 ONG montamos una plataforma desde donde enviar mensajes a través de correos electrónicos o redes sociales a los diputados”, comenta Nadia Boscarol, coordinadora de Política del programa Corredor Azul en la Fundación Humedales/Wetlands International, y agrega: “Mandamos alrededor de 20 000 para que presten atención al tema, pero lo máximo que conseguimos fue que la senadora Gladys González nos prometa que en caso de que este proyecto pierda carácter parlamentario, su grupo volverá a presentarlo de inmediato”. Mientras tanto, los humedales continúan un año más sin contar con una norma que los proteja.

La disociación entre lo que se dice y lo que se hace vuelve a aparecer en el sector energético. El proyecto de ley de hidrocarburos enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, el elevado volumen de subvenciones públicas destinadas a las empresas que extraen petróleo y gas a través del fracking, y la autorización de nuevas prospecciones petrolíferas en el mar Argentino son ejemplos concretos de estas diferencias. “Por un lado existe un compromiso de reducir un 19 por ciento las emisiones en 2030 y por el otro, se generan incentivos fiscales para nuevas exploraciones en tierra y offshore hasta 2040. Las decisiones del Gobierno nacional en materia energética y climática parecen discurrir por canales paralelos”, sentencia María Marta Di Paola, directora de Investigación de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).

La secuencia se repite en casi todos los ámbitos, de tal modo que llega a poner en duda y oscurecer las acciones positivas.

Lo malo: bosques olvidados

En abril, el gobierno modificó el presupuesto anual para adjudicarle una partida extra como “Compensación y Estímulo” a los productores de soya. De ese modo, la cantidad prevista en el año superó la destinada al Fondo de Bosques Nativos, tal vez como evidencia de hacia dónde el Estado inclina la balanza en el reparto del escaso dinero disponible. “El desfinanciamiento de la Ley de Bosques ya es un clásico, y en caso de aprobarse el presupuesto 2022 enviado al Congreso, ese capítulo solo representará el 3 por ciento de lo que correspondería, el menor porcentaje desde que se sancionó la ley en 2008”, sostiene Manuel Jaramillo.

Gastón Tenenbaum aporta otro enfoque dentro de la misma cuestión. “En un encuentro con el presidente Alberto Fernández en Glasgow le pregunté sobre la falta de financiamiento de esa ley y me respondió que sin fondos externos no vamos a poder cuidar nuestros bosques. ¿Eso significa que solo vamos a protegerlos si llega dinero del exterior?”, se pregunta el integrante de Jóvenes por el Clima, y subraya: “Me parece un desastre”.

La falta de fondos para incentivar el cuidado de las áreas es solo uno de los problemas. Durante 2021 se asistió a los intentos fallidos de actualización del Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos en provincias que, como Chaco o Salta, llevan hasta siete años de retraso en realizar esa tarea. Esto significa que la clasificación de las áreas boscosas en rojas (prohibición absoluta de transformación en zona productiva), amarillas (autorización bajo determinadas condiciones de conservación) y verdes, en las que se permite el cambio de uso de suelo sigue siendo la misma que se realizó en 2009, sin tomar en cuenta las miles de hectáreas deforestadas en estos doce años ni los cambios en el clima o las cuencas hídricas ocurridos en ese tiempo.

Mientras tanto, incendios de grandes proporciones afectaron la zona patagónica de El Bolsón en febrero y en Córdoba en octubre. A su vez, en el Chaco, pese a que la Justicia confirmó la prohibición absoluta de deforestación del bosque, las imágenes satelitales confirman que dicha actividad no cesó a lo largo del año.

“Actualmente, la mitad de la deforestación es ilegal, por lo que resulta fundamental que se penalicen los desmontes [la deforestación] y los incendios forestales; y que Argentina establezca una meta de Deforestación Cero para el corto plazo”, enfatiza Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace Argentina.

Una licitación para comprar madera de quebracho colorado (Schinopsis balansae), una especie vulnerable, efectuada por el ministerio de Transporte y destinada a reemplazar miles de durmientes de los ferrocarriles amplía el abanico de preocupaciones respecto al futuro de los bosques argentinos. “Que en pleno siglo XXI, y en medio de una grave crisis climática, sanitaria y de biodiversidad se sigan talando quebrachos para el reemplazo de vías de tren es completamente ridículo y un verdadero crimen”, indica Giardini.

Lo preocupante: desarrollo agrícola y negacionismo

Un proyecto de ley de Fomento al Desarrollo Agroindustrial que fue presentado a finales de septiembre por el Poder Ejecutivo Nacional encendió las alarmas debido a su posible incidencia en la extensión de la frontera agrícola, la utilización de agroquímicos y la emisión de gases de efecto invernadero, de la cual este sector es responsable en un 16,1 por ciento, si se suman la producción primaria, la industria y el comercio. La propuesta hace especial hincapié en el incremento de la capacidad productiva del campo —la pretensión es alcanzar los 200 millones de toneladas de cereales, oleaginosas y legumbres en 2030— y en consecuencia, del volumen exportador del país a través de incentivos fiscales para la inversión en esos sectores.

Un estudio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) llevado a cabo por Consuelo Bilbao, magíster en Derecho y Economía del Cambio Climático, y directora política del Círculo de Políticas Ambientales, es contundente respecto a la visión que el mundo agropecuario posee al respecto: “En las medidas del plan de acción del agro contra el cambio climático no existen referencias sobre los impactos de la actividad en los bosques nativos […] a pesar de la centralidad que tiene el agro en la deforestación”.

La posible ley constituiría sin duda un impulso para la agroganadería intensiva y la desesperada búsqueda de divisas para el país, y el politólogo Pablo Lumerman, consultor independiente en el Departamento de Asuntos Políticos de Naciones Unidas y experto en conflictos sociales vinculados al ambiente, comprende esa necesidad urgente: “No se puede hablar de transiciones sin pensar en su financiamiento, y este requiere de espalda fiscal. Sin ella no hay coherencia en los objetivos que puedan plantearse”.

La declaración de sostenibilidad, desde ya, forma parte de la propuesta de ley agroindustrial. Se habla de cuidados ambientales y del suelo mediante el uso de semillas fiscalizadas, pero los antecedentes no ayudan a darle credibilidad a tales medidas. A finales de octubre, la fumigación aérea de campos —prohibida a menos 1500 metros de zonas urbanas— provocó diferentes grados de intoxicación a 700 personas en Presidencia Roca, una localidad de 5000 habitantes al este de Chaco, al margen de dañar huertos y pequeños emprendimientos agrícolas.

La notoriedad que han ganado este año las opciones de ultraderecha, negacionistas de los fenómenos ambientales y contrarias a cualquier acción que pueda limitar las actividades productivas a gran escala empeoran el panorama. “El crecimiento de referentes políticos que atentan contra militantes ambientales, no creen en el cambio climático y se esfuerzan para que otras personas tampoco crean es sin duda un motivo para preocuparse”, dice Gastón Tenenbaum. En las recientes elecciones dichas agrupaciones han logrado sumar cuatro diputados nacionales por primera vez desde el regreso de la democracia en 1983.

Lo positivo: más educación, más áreas protegidas

Por fortuna, 2021 también deja puntos a favor que merecen ser destacados. La promulgación de la Ley de Educación Ambiental, en el mes de mayo, es señalada como la mejor noticia del año en la materia. “Se trata de un avance sustancial para instalar estos temas en la agenda. Lo ambiental no puede ser considerado como una cuestión de modas, debería estar en la mesa diaria de todos los sectores sociales y en todo el país”, considera la ingeniera María Elina Serrano. “Es un muy buen paso adelante, una bocanada de aire fresco para el ambientalismo, una victoria”, refrenda Tenenbaum, “porque todo lo que pueda hacerse ahora repercutirá en 2040 o 2050”.

 

La nueva norma plantea “asegurar que todos los alumnos adquieran los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para promover el desarrollo sostenible”, según lo indica el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, que agrega que se trata de “una política pública nacional permanente y concertada, dirigida a todas las edades, grupos y sectores sociales”.

La declaración definitiva del Islote Lobos como Parque Nacional encabeza por otra parte las buenas nuevas en torno a las áreas protegidas. Ubicado sobre la costa de la Patagonia norte, es el 40º espacio natural que alcanza la máxima categoría y el primero en el que la Administración de Parques Nacionales tendrá jurisdicción y dominio pleno sobre la superficie oceánica. La riqueza del lugar se basa sobre todo en la presencia de un centenar de especies de aves y de abundantes colonias de mamíferos marinos.

“El país está trabajando bien desde hace tiempo en todo lo relacionado con ecosistemas acuáticos, no solo las costas. La protección de los deltas, estuarios, marismas o turberas están recibiendo apoyos financieros y recursos para estudiarlos”, afirma Serrano. “Este año hubo avances interesantes en la consolidación del parque costero”, asegura Pablo Lumerman, quien también destaca que haya visto la luz el plan de acción en defensa de los tiburones del Atlántico Sur.

La confirmación de que Mar Chiquita, en Córdoba, la mayor laguna salina del continente, será en el futuro próximo el epicentro del nuevo Parque Nacional Ansenuza enfatiza esta apuesta por la conservación de los espejos de agua. El humedal, que puede alcanzar el millón de hectáreas en épocas de lluvias, concentra el 36 por ciento de la avifauna argentina, incluyendo aves playeras, migratorias y hasta flamencos altoandinos.

Sin abandonar el agua, la reactivación del Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sostenible en el Delta del Paraná (PIECAS) ha sido otro punto a tener en cuenta. Por otro lado, la lenta pero progresiva salida de la situación de pandemia ha promovido la reanudación de las tareas de investigación y protección de muchas de las especies declaradas en diferentes grados de peligro de extinción, como el cóndor, el aguará-guazú, el yaguareté, el cardenal amarillo, la loica pampeana y muchas otras que habían visto interrumpida su actividad por el COVID-19.

Lo esperanzador: ver los vasos medio llenos

Pese a todo, y aunque se hallen inmersas en la tónica general de contradicción, algunas acciones llevadas a cabo en 2021 permiten mirar con cierta ilusión hacia el horizonte cercano.

La ingeniera Serrano rescata que el país “cumplió con la evaluación de emisiones establecida en el Acuerdo de París y aumentó su ambición en el recorte hasta 2030”. Al mismo tiempo resalta el “innovador planteo de canjear deuda externa por los servicios ecosistémicos que nuestros bosques o humedales le prestan al planeta, porque conservar tiene un precio”, una idea que refrenda el politólogo Pablo Lumerman: “Argentina, o cualquier otro país endeudado debería introducir objetivos climáticos dentro de las negociaciones con los organismos de crédito como el Fondo Monetario Internacional”. Y, sin apartarse de ese tema, el gobierno nacional, el Fondo Verde del Clima y el Organismo de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) suscribieron un acuerdo por 82 millones de dólares para ejecutar proyectos de pagos basados en resultados de la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de bosques (REDD+).

Los reclamos de tierras ancestrales por parte de los descendientes de los pueblos originarios conocieron varios picos de conflictividad, sobre todo con los mapuches en la Patagonia. De fondo aparece la lucha por prorrogar la ley de relevamiento de tierras indígenas para reconocer legalmente la propiedad de sus territorios e impedir los desalojos —un drama que también siguen padeciendo campesinos en el Gran Chaco—, y a la que se oponen grandes empresarios agrícolas y ganaderos.

Hasta ahora, el relevamiento que comenzó en 2006 solo alcanzó al 42 por ciento de las comunidades existentes, lo cual perpetúa el estado de beligerancia. Pero, sin embargo, en este aspecto también suceden hechos favorables, como la consolidación de la Red Indígena de Áreas Protegidas, dentro de lo que se conoce a nivel mundial como Territorios y Áreas Conservadas por Pueblos Indígenas y Comunidades Locales (TICCA), tras la firma de un acuerdo promovido por Naciones Unidas y el Estado nacional. Gracias a ella, 39 comunidades en distintos lugares del país están ejecutando proyectos de conservación de la biodiversidad.

La red combina la conservación de zonas de altísimo valor biológico, varias de ellas amenazadas, con sitios naturales sagrados para las distintas etnias. Pablo Lumerman, facilitador de diálogos en cuestiones ambientales, añade que esto “abre un nuevo marco de interlocución y de creación de estrategias de conservación inclusiva”. La apertura en octubre del Hospital Intercultural Raguiñ Kien, en Ruca Choroi, Neuquén, va en la misma dirección. La institución integra el saber tradicional indígena mapuche a la medicina occidental.

El constante y gradual crecimiento del interés y el conocimiento público en relación a las cuestiones ambientales conforman el último punto favorable de lo sucedido en 2021. “En la campaña electoral, muchos candidatos tuvieron que responder preguntas sobre granjas porcinas, ley de humedales o incendios. Eso es un avance indudable porque otro de los grandes problemas ambientales es la comunicación”, se entusiasma Gastón Tenenbaum.

La movilización y las demandas sociales lograron este año detener algunos proyectos como la modificación de la ley para que se permita la megaminería en Chubut, o la prospección petrolífera en la costa atlántica de la provincia de Buenos Aires. También motivó que en Tierra del Fuego, la región poblada más austral del planeta, se aprobara una norma que prohíbe la instalación de salmoneras.

Es cierto, la palabra contradicción caracteriza el camino de la Argentina en los temas ambientales, pero como indica Pablo Lumerman eso ya marca por lo menos “un paso adelante, porque significa que has reconocido el problema. No es suficiente, pero sirve para seguir avanzando”.

Fuente: es.mongabay.com