domingo, 31 de julio de 2016

Otra agricultura es posible (y necesaria)

Por:  Darío Aranda

Viaje a Naturaleza Viva, la granja que produce alimentos sanos, en gran cantidad y calidad, que llegan a veinte provincias y 10.000 familias. Sin transgénicos ni agrotóxicos, brinda trabajo, desarrollo local y confirman las ventajas del modelo campesino.


 La mesa tiene alimentos en abundancia. Carne, arroz, ensalada, mandioca, queso, pan, jugo. Todo proviene de la tierra que se cultiva en la misma zona. Se trata de la Granja Naturaleza Viva, emprendimiento agroecológico con tres décadas de vida, referencia argentina de producción sana de alimentos (sin químicos ni transgénicos), que llega a la mesa de 10.000 familias y confirma la sustentabilidad del modelo campesino. “Producimos alimentos sanos para el pueblo, de calidad y sostenible en el tiempo”, afirma Irmina Kleiner.

Guadalupe Norte, en el extremo de Santa Fe (cerca de los límites con Corrientes y Chaco). A tres cuadras de la ruta 11, árboles frondosos y un cártel de madera y colores anuncia “Granja agroecológica Naturaleza Viva”. Una casa centenaria, cocina amplia y Remo Vénica sentado al lado de la cocina, pava y mate en mano. “Vivimos engañados durante años. Hasta que nos dimos cuenta que podíamos producir sin químicos, sin transgénicos, sin depender de las multinacionales”, explica con pasión, mientras ceba un mate.

La chacra tiene 220 hectáreas y trabajan quince familias (como referencia: en un campo de soja de 5000 hectáreas solo trabaja una persona). El campo está rodeado de transgénicos, pero ellos apostaron a otro modelo, diverso: tambo (leche, quesos, yogur), gallinas (proveedoras de huevos y, claro, carne), chanchos, ganadería para autoconsumo y venta, girasol (y aceite), trigo (y harina), soja orgánica, frutales (desde mandarina hasta banana), mandioca, lechuga, tomate, maíz y decenas de plantas que casi no se conocen en el mundo urbano, como el amaranto (una planta de entre 50 centímetros de alto a más de dos metros, donde el grano se utiliza como cereal y harinas, y las hojas verdes para sopas y ensaladas).

Fue un proceso de prueba y error. Nos equivocamos mucho y también aprendimos”, afirma Irmina, sentada al otro lado de la mesa, mientras ofrece un pan casero y mermelada realizada por sus manos. Confiesa que ellos creyeron en la “revolución verde”, corriente de pensamiento impulsada en la década del 50, mediante la investigación corporativa de laboratorio, que prometía mayor producción y “acabar con el hambre del mundo (a fines de los ’80 comenzó la llamada “segunda revolución verde”, impulsada por las compañías de biotecnología, de transgénicos y agroquímicos)”.

También probaron, y erraron, cuando técnicos del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) y de la Secretaría de Agricultura llegaron con promesas de bienestar de la mano de la plantación de duraznos y, luego, de la cría de nutrias. En ambos casos, el resultado fue desastroso. Quedaron al borde la quiebra.

Dejaron de tomar como palabra santa los dichos de los técnicos, ingenieros agrónomos y veterinarios. Y reforzaron la ganadería, el tambo y la agricultura. “Nos decían que un tambo con pocas vacas no era rentable… los que se llenaron de vacas luego se fueron a la quiebra”, recuerda Remo, ex dirigente de las Ligas Agrarias en la década del ’70 (junto con Irmina, perseguidos por la dictadura cívico-militar y exiliados).

Irmina precisa que dos hechos clave fueron el no vender materia prima, sino alimentos (no girasol, sí aceite; no leche, sí quesos) y tejer redes de comercialización. Así evitaron intermediarios (que acaparan un alto porcentaje del precio de venta). Se sumaron, y también construyeron, espacios de comercialización. Un trabajo lento pero con resultados duraderos: envían sus cajas de productos a veinte provincias. A lo largo del año llegan a las mesas de 10.000 familias.

También realizan trueques. Un productor de Choele Choel (valle de Río Negro) trae bolsones de nueces y se lleva frutas, verduras, quesos. Lo propio con yerbateros de Misiones y viñateros de Cuyo.

Remo invita a una recorrida, junto a Claudio Ferrero (un joven pasante que aprende y trabaja durante la semana). Se interna en un corto sendero y muestra las casas hechas en barro, con techos “naturales” (nada de chapa o cemento, tierra y pasto). Son igual o más duraderas que las de ladrillos, mucho más económicas y más eficiente en energía (mantienen el calor en invierno, son frescas durante el verano).

Ya en la quinta, muestra decenas de plantas, de todo tipo. Amaranto, zapallos, maíz, mandioca, rosella (se hacen ricos jugos, nada que envidiar a los famosos sobres con polvo de color que se venden en los supermercados). Un vivero con cientos de plantines. “En esta chacra sembramos 20.000 árboles”, avisa Remo, y recuerda que era tierra empobrecida, sometida a décadas de agricultura extractiva, que empobreció suelos y demoró largos años en recuperar.

Muestra plantas experimentales de arroz (hace mejoramiento natural de semillas). De esa prueba y error logró una semilla muy productivo que compartió con un productor de Corrientes que no utiliza químicos. El primer año cosechó dos mil kilos. Fue aumentando la superficie. En 2015 logró 50.000 kilos, de mejor calidad de la que obtienen las grandes empresas del sector y, claro, también se comercializa en Naturaleza Viva.

Un breve paso por el gallinero. Hay un centenar de animales, docenas y docenas de huevos. También hay un gran piletón-reserva de agua, de 70 metros de largo por 30 de ancho, que ahora disfrutan los patos y es imprescindible en épocas de sequía. Caminar unos cien metros, y frutales. Decenas de árboles de mandarina y naranja, pruebas experimentales de moringa y bananas. Curiosidad (o no), cambio climático mediante: están funcionando muy bien cultivos que son de otras latitudes, más tropicales.

Muestra mandiocas, porotos, tomates. Y, en medio de la quinta, rosales de hasta dos metros de altura, flores blancas y amarillas.

Caminata de otra cuadra y el tambo de 82 vacas. Números: 350 litros de leche cada mañana, 25 quesos diarios (de casi tres kilos cada uno), diez kilos de dulce de leche. Los estantes de la sala frigorífica están semivacíos. “Hay una demanda impresionante, no damos abasto. Nos pone muy contentos que quienes compran una vez el queso seguro se hacen consumidores permanentes”, celebra Remo, mientras corta una rodaja y convida.
A un lateral del tambo, un enorme tanque de chapa, de unos cuatro metros de alto y cinco (o más) de diámetro. Es el biodigestor (un contenedor hermético en el que deposita el material orgánico a fermentar –excrementos de animales– y que produce gas y fertilizantes orgánicos). Provee de gas a toda la granja.
Irmina explica que producen un promedio de 12.000 kilos de alimentos por mes. Destaca que las “granjas integrales”, como denominan a Naturaleza Viva, pueden alimentar a toda la población argentina, aunque también reconoce que no cuentan con el apoyo de políticos ni de políticas de Estado.

Es simple. Tierra sana, alimentos sanos, personas sanas. Alimentos industriales, con venenos, es igual a mala salud y necesidad de hospitales”, explica Irmina, y señala la necesidad de volver al modelo campesino de producción de alimentos. “Acá demostramos que se puede”, destaca.

Remo lamenta que las históricas cooperativas agropecuarias de los pueblos se hayan transformado en simples negocios de venta de agroquímicos de grandes compañías internacionales. “Son un ejemplo más de la dependencia de los productores y de la derrota de ese modelo”, afirma.

Última parte del recorrido, a veinte metros de la casa, un monte de cañas de bambú muy altas (de hasta seis metros). Un gran círculo, casi perfecto, y no se ve el sol. En el medio, cuatros largas mesas y bancos de madera. En un extremo, leña y lugar para parrilla. “Todos los domingos hacemos acá un asado a la estaca, siempre numeroso, para compartir lo que nos brinda la Pachamama”, explica Remo. Fuente: darioaranda.com.ar

La carne, claro, también es de la Granja Naturaleza Viva.

sábado, 30 de julio de 2016

¿Qué piensa Sergio Bergman del glifosato, el fracking y la minería a cielo abierto?

En una entrevista con Infobae, el Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable admitió que la minería sustentable no existe y que la proliferación de countries sobre humedales provoca inundaciones


Definiciones. El objetivo de la entrevista era ese: saber qué piensa concretamente el ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman, sobre los temas más candentes de la agenda medioambiental, como el uso del glifosato, la minería a cielo abierto y el fracking. Y las hubo. Tal vez menos de lo esperado, pero hubo definiciones. Entre otras cosas, admitió que la minería sustentable es un oxímoron, que faltan controles a las empresas y que la proliferación de countries sobre humedales provoca inundaciones. Y se mostró a favor de la megaminería, el fracking y el uso de glifosato.

Glaciares: se demorará la aplicación de la ley

– El inventario de glaciares de San Juan, que es una de las provincias más delicadas, ya está terminado y a disposición del Ministerio de Ambiente. ¿Cuándo se va a publicar?

– Está en el Ministerio en lo que se llama "revisión técnica", que es sólo un cotejo. En el transcurso de este año se va a publicar. Lo que es importante es que no haya ninguna duda de la decisión política de publicarlo.

– Los Estudios de Impacto Ambiental de Barrick Gold sobre la mina Veladero y el proyecto Pascua Lama reconocen que ambos están asentados en un ambiente periglacial y que hay glaciares de distintas formas dentro de sus áreas. ¿Qué va a pasar con esos proyectos cuando se publiquen los inventarios?

– Va a pasar lo que prescribe la ley. Y ahí vamos a tener un debate, porque la ley lo que hace en el primer barrido del inventario de los periglaciales, que es la parte más controversial, es estipular que la morfología es el recurso que se utiliza para la presunción de reserva de recurso hídrico. Esto significa que bajo ningún punto de vista no se va a interferir, sino que se va a cumplir con la ley, que es que todo aquel periglacial, que se llama generalmente "de escombros", por su forma…

– No, la ley habla de "ambientes periglaciales" y de diferentes tipos de glaciares, uno de los cuales son los glaciares de escombro. Pero prohíbe los proyectos extractivos en todo el ambiente periglacial en general.

– Pero el término periglacial requiere de un recurso morfológico técnico (sic).

– En realidad lo que dice la ley es que lo que hay que inventariar es la morfología de los ambientes periglaciales. Pero la ley prohíbe la megaminería en todo el ambiente periglacial.

– Pero justamente la ley, en términos generales, no puede ser aplicada sino a través de una tipificación de los periglaciales para ser descubiertos o inventariados por morfología, porque de hecho con escombros u otro tipo de formas vos lo que hacés es llevar el concepto periglacial a un reconocimiento morfológico, con la forma de escombros u otras. Y lo que hacés es escanear, peinar toda la cordillera, y con esas morfologías, en diferentes campañas, lo vas marcando en un plano. Lo importante es que esa presunción de recurso hídrico pasa a la fase dos y a la fase tres, donde en proyectos en ejecución o en prospectos se realiza la verificación, en el lugar específico, por auditoría. En los proyectos nuevos que se quieran desarrollar, si el inventario ya plantea "zona periglacial" habrá verificación en niveles dos y tres de reserva de recurso hídrico. Y en los que ya están en funcionamiento se terminarán las etapas de auditoría para verificar que si alguien está haciendo una explotación minera donde por inventario y por auditoría no lo permite el inventario de glaciares, ese proyecto minero no puede prosperar.

– Pero la auditoría tenía que ser anterior al inventario.

– Por algo la vetaron.

– La ley daba 180 días para hacer la auditoría antes del inventario.

– No podemos ir para atrás. Hay que reclamar cada cosa con un concepto claro. Si había que hacer las cosas bien y no las hicieron, que dirima ahora la justicia.

– ¿Por qué van a hacer una auditoría después del inventario, si el planteo era que se haga antes del inventario –que tarda mucho tiempo– para las zonas en explotación?

– Porque justamente no se realizó. Si vos lo hubieras realizado, no hubieras desarrollado el proyecto minero.

– ¿Pero es necesario además del inventario hacer la auditoría?

– Es imprescindible porque lo establece la ley.

– Lo que plantea la ley es que la auditoría es necesaria para las zonas en las que ya hay explotaciones, para saber qué se estaba haciendo y qué se estaba afectando.

– Sí, pero aún con el nivel 1 de inventario no terminaste de cumplir con la ley. Es una secuencia. Como hay un pasivo retroactivo, porque la ley se vetó, porque no se financió, porque no se hizo, y estamos sobre hechos consumados, primero hay que cumplir con todo el recorrido que establece la ley y luego sobre cada proyecto en particular. La agenda no es "minería indiscriminada sin cuidado del ambiente" y "agenda verde de obstruir toda actividad productiva". Ni una cosa ni la otra. Si la minería va a ser una política de Estado porque tiene que ver con lo productivo y el desarrollo, la variable no va a ser "qué tiene que hacer con la minería" solamente, ni cómo la hacemos, sino qué pasó con los controles que no hicimos, las auditorías que se omitieron. Y esto es lo que yo llamo el "equilibrio".

– Hablando de desarrollo. ¿Qué lugares de Argentina cree que se desarrollaron gracias a la megaminería?

– Megaminería es una tipología de minería, que es un tema de debate.

– Bueno, digamos minería metalífera en las nacientes de los ríos.

– La que quieras. Pero evidentemente una provincia como San Juan, si hubiera tenido control y monitoreo, hubiera sido como sucede del otro lado de la cordillera, en Chile, donde con el mismo recurso estratégico, hicieron las cosas bien.

– En San Juan las zonas mineras tienen las tasas de desempleo más altas de la provincia.

– Por eso, cuando hacés las cosas mal, nos pasa lo que nos pasó a nosotros. Lo que hay que discutir no es sólo "minería sí o no", sino cómo se hace, y cómo puede ser que la misma actividad con los mismos recursos y en la misma montaña, un país hace crecer a sus pueblos y otro país los degradó.

– En Chile también hay casos de contaminación.

– Pero la ley se cumple y, al mismo tiempo, tenés un montón de exportación, crecimiento de calidad de vida de muchos pueblos. Yo no reivindico la actividad, sino que es una actividad productiva y de desarrollo. Y que hay otros países que tienen un equilibrio, donde desarrollan y no contaminan ni degradan. Nosotros tenemos que ir a esa línea.

– ¿Usted cree que la minería en Chile no contamina?

– Yo creo que hay proyectos mineros bien acotados, bien regulados, que no lo hacen, o lo hacen con los niveles que esta actividad tiene estipulados por control, auditoría y ley; y hay algunos casos donde hay negligencia o falta de cumplimiento de la ley, y son sancionados.

– El experto Robert Moran, el único perito independiente que estuvo en Veladero, dijo que efectivamente es una de las minas más seguras del mundo, pero que no hay minería a cielo abierto que no contamine.

– Volvemos sobre lo mismo: los grandes debates de los términos. ¿Podemos ponerle a la minería el adjetivo de "sustentable"? No, porque es una actividad extractiva y sabemos cómo usa insumos. Decir que es "sustentable" es una aspiración.

– Es un oxímoron.

– Exacto. Si no es sustentable, ¿qué tiene que ser? ¿Responsable? No, es otro slogan. Es minería, regulada por la ley. ¿Y la ley qué establece? Controles y regulaciones por los cuales lleva los niveles de daño sobre el ambiente a medibles, compensables y remediables.

– El yacimiento Bajo la Alumbrera consume más del 80% de la energía que consume toda la provincia de Catamarca. Si prosperan los proyectos Agua Rica y Pascua Lama, como quiere el Gobierno, entre los tres van a consumir el equivalente a toda la energía que genera la central nuclear Atucha. Mientras se llama a ahorrar energía y suben las tarifas, ¿es el momento de promover la minería?

– La minería va a ser promovida como una actividad que va a traer desarrollo en un equilibrio que tiene que ver con los estudios estratégicos y la diversificación de la matriz energética. Un prospecto minero tiene planes de tiempo e inversión que vendrán de la mano de que Argentina no puede crecer sin energía. Obviamente, hasta que la matriz energética no cambie y nos permita tener un país con la energía suficiente, no van a prosperar por este nivel de prioridad. Pero la decisión es doble: más energía para más actividades productivas. Eso no cambia lo que tenemos que hacer todos, que es modificar nuestros hábitos.

Sí al fracking y al glifosato, pero regulados

– Le voy a pedir dos definiciones. Primera: ¿qué piensa del fracking?

– Qué tiene que estar regulado y, en la medida de lo posible, migrado a matrices donde no use combustibles fósiles.

– Dos: ¿qué piensa del glifosato?

– Es un recurso que tenemos que usar para el desarrollo de la agroindustria, pero que tiene que estar regulado por una ley que todavía está pendiente, que es la ley de fertilizantes. Al no estar regulado su uso y su aplicación (que es más peligrosa), tenemos una deuda con la salud.

– Un grupo de ONG presentó hace poco al SENASA más de 430 estudios científicos que prueban que el glifosato, que en Argentina se reguló en base a estudios de Monsanto, es cancerígeno. Y pidieron que se revea la autorización de su uso, ya que la OMS lo redefinió como "probablemente cancerígeno". ¿Qué cree que debería pasar?

– Este tipo de situaciones no tiene doble estándares: estudios sólidos que demuestren el efecto que tiene sobre la salud de la población hacen irreversible cualquier discusión, empezando también por la falta de control y la ley, porque si el insecticida que necesitamos por el dengue es imprescindible para protegernos, a nadie se le va a ocurrir estar tomando repelente de insectos.

Humedales: conservación vs. producción

– Otro de los temas donde hay un claro conflicto de intereses es la ley de humedales, una de las primeras leyes anunciadas por el presidente Mauricio Macri, en un acto del que usted participó. Sin embargo, el Gobierno todavía no presentó ningún proyecto y desde el sector de "Pino" Solanas acusaron al bloque Cambiemos de boicotear el tema al no presentarse en los plenarios de comisiones para tratarlo. ¿Qué va a pasar con la ley?

– En absoluto, todo lo contrario. Ya desde febrero, cuando fue el Día de los Humedales y se hizo el anuncio, hubo un trabajo con algunos de nuestros legisladores y a nivel interministerial. El anteproyecto iba a ingresar vía Diputados, pero se tomó conocimiento de los senadores que ya tenían un proyecto y se decidió enriquecer la propuesta y, en nuestro caso, empezar con la gestión del inventario de humedales.

– Si bien la ley es mucho más laxa que la ley de glaciares, desde el sector del senador Alfredo De Angeli advirtieron que están en contra de los prohibicionismos, mientras que del otro lado plantean que no se puede conservar algo sin un mínimo de prohibición. ¿Cómo ve esta disputa?

– No hay que desestimar al otro porque tiene un interés o cancelarle las razones, porque es un intento estéril frente al diálogo y la creación de espacios de consenso, discusión y debate. Pero la función del Estado es anteponer el bien común a esos intereses.

– ¿Puede haber una ley de protección de humedales sin prohibiciones?

– No. Lo que tiene que haber es una ley que plantee lo que dice el artículo 41 de la Constitución: que vos necesitás un ambiente sano y equilibrado. La salud del ambiente es preservar los humedales porque cumplen una función muy importante. En nombre de una actividad productiva no se puede dejar de preservar, pero aún así no hay necesidad de confrontar preservación y desarrollo, porque la clave es articular en lo que llamamos "desarrollo sustentable". No hay que buscar la forma de impedir, pero tampoco uno puede habilitar de manera indiscriminada.

– ¿Usted cree que la construcción de countries sobre humedales influyó en las inundaciones, sobre todo en la Provincia de Buenos Aires?

– Sobre eso hay estudios. Pero es un punto que se aplica en casi toda nuestra agenda: si se hubiera cumplido la ley, muchos problemas que tenemos no se tendrían que discutir. Dónde se construye un asentamiento está regulado por ley, pero cuando vas a ver las construcciones no se respetó ni su impacto ambiental.

– Entonces, la ley de humedales tiene que tener algún nivel de prohibición.

– Pero ya existe. Lo que hay que ver es por qué se hicieron desarrollos urbanos sin cumplir la ley. Incluso hay jueces que han dictado medidas cautelares porque descubrieron que el procedimiento (de construcción de countries) no cumplió con la ley.

Ley de bosques: realismo mata ley

– Desde la promulgación de la ley de bosques nunca se cumplió con el presupuesto que debería ser destinado al fondo de conservación. ¿El Gobierno lo va a cumplir en el presupuesto de 2017?

– Primero hay que entender de dónde venimos. Cuando asumimos nos encontramos con que manipulaban el fondo, porque de manera discrecional la Jefatura de Gabinete lo reasignaba. En 2017 queremos mejorar no sólo la performance sino también los procesos administrativos, y mejorar el presupuesto que la ley de bosques lo tiene, pero que está subordinado al presupuesto nacional, que es una ley superior (sic). Y en este punto va a tener prioridad, pero va a estar regulado por las restricciones que tenemos de déficit fiscal y de desarrollo económico del país.

– ¿Pero podemos esperar ese piso del 0,3% del presupuesto nacional que ordena la ley?

– No tenemos a esta altura un número cerrado. Va a haber una tensión entre la modificación de las retenciones, que las hubo, la situación de ese porcentaje que estipula la ley y cómo la ley de presupuesto lo termina de ajustar a algo viable que mejore su performance, pero tampoco vamos a prometer aquello que no se va a poder sostener, porque llegó el tiempo que preferimos decir la verdad que hacer promesas que después no se sostengan. Fuente: infobae.com

miércoles, 15 de junio de 2016

Comemos veneno: "El cáncer, la infertilidad y la diabetes son por la comida"


El aumento de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y el cáncer está directamente relacionado con los alimentos que comemos. Las hormonas sintéticas presentes en los fertilizantes y pesticidas que entran en contacto con la comida son muy peligrosas para la salud y no suelen detectarse en los análisis toxicológicos, por lo que se invalida el principio de que la ‘dosis hace el veneno’”. Con esta advertencia a modo de carta de presentación, la galardonada documentalista y periodista Marie-Monique Robin nos introduce en el mundo de la agroindustria, su campo de investigación desde hace más de una década, y sobre el que versa su último ensayo: Las cosechas del futuro. Cómo laagroecología puede alimentar al mundo (Península).

Una obra fruto del análisis comparativo de diversos sistemas de producción alimentaria que, en sintonía con otras anteriores como Nuestro veneno cotidiano y El mundo según Monsanto, cuestiona el mito de que la bajada del precio de los alimentos o de que el fin del hambre en el mundo solo son posibles mediante la producción industrial de alimentos. La principal novedad que aporta la autora gala con este último libro es que existe una alternativa demostrable, “más sobresaliente de lo que creía antes de iniciar la investigación”, y que se llama agroecología.El cáncer de cerebro y la leucemia están creciendo a un ritmo anual del uno al tres por ciento entre los niños, según la OMS.

La transición de la agroindustria a la agroecología todavía es posible, explica Robin, pero aun existiendo la voluntad política necesaria para propiciar los cambios legislativos que la permitan, “llevará muchos años descontaminar las tierras y las aguas subterráneas hasta poder producir alimentos sanos”. Es por ello que urge, en primer lugar, limitar el uso de pesticidas y transgénicos. 

España es el país más permisivo de la UE con el cultivo de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y la comercialización de otras sustancias tóxicas, como el bisfenol A que en otros lugares como Francia está prohibido”.

Una permisividad, alerta la autora gala, con unas consecuencias más que visibles: “Las parejas españolas son las que más problemas tienen de infertilidad en toda Europa, al afectar a una de cada cuatro”. Al mismo tiempo, los cánceres de cerebro y la leucemia están creciendo a un ritmo anual del uno al tres por ciento entre los niños, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ponen también de relieve el auge del origen fetal de las enfermedades en la edad adulta (presuntamente por el tipo de alimentación de la gestante). “La propia Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ya se está dando cuenta de estas consecuencias y reconociendo las deficiencias del principio toxicológico de que 'la dosis hace el veneno’ debido a las indetectables hormonas sintéticas, como demuestra la mayoría de literatura científica sobre esta cuestión”, apunta Robin.

El cenit del petróleo lo será también de la comida barata

Tradicionalmente se ha relacionado el bajo coste de los alimentos con los monocultivos, el uso de pesticidas y fertilizantes para reducir las plagas, así como otras técnicas modernas de producción a gran escala. Sin embargo, Robin afirma que “los precios de los alimentos que compramos en el supermercado son completamente falsos porque no incluyen los costes directos ni los indirectos”.

Los gastos derivados del tratamiento de las aguas contaminadas, del pago de las tasas por los gases de efecto invernadero, de las subvenciones (para el gasóleo, para exportar o directamente de la Política Agraria Común de la UE), así como de los sistemas públicos de salud, por el aumento de enfermos crónicos, son algunos de los costes asociados a la agroindustria que no se incluyen el precio de origen. “Si sumamos todos estos costes a los productos en origen, su precio subiría y serían más caros que los ecológicos”. Además, añade Robin, más de la mitad del precio está engordado por los intermediarios y finalistas. Tendrán que pasar muchos años para descontaminar las tierras y las aguas subterráneas hasta poder producir alimentos sanos.

Una realidad de la que no estamos muy lejos, según la autora gala, para quien antes o después tendrá que dispararse el precio de la comida, ya sea por el fin de las subvenciones (como se prevé con la PAC), por la creciente especulación bursátil con las materias primas en los mercados de futuro, o por el no menos inminente encarecimiento de los combustibles fósiles como el petróleo y el gas, debido a su cenit.

Los productos químicos utilizados en la agroindustria se elaboran a partir de petróleo y gas, por lo que un aumento en el precio de estos recursos, junto a la escasez de agua, pondría a la agroindustria en la encrucijada. “Esta es la gran debilidad de las industrias alimentarias. Se sustentan sobre un modelo que depende de los combustibles fósiles, y está claro que el precio de éstos será cada vez mayor, por lo que el de los alimentos será parejo. No tiene sentido que la alimentación en el mundo dependa de la producción de petróleo en una región tan convulsa como es Oriente Medio”, lamenta Robin.

Alimentos saludables en un mundo sostenible

Las perniciosas consecuencias para la salud y el medio ambiente de la agricultura industrial, así como la crónica de una muerte anunciada que Robin comenzó a describir antes incluso de que se produjesen las primeras crisis alimentarias en Latinoamérica (relacionadas con los biocarburantes) han llevado a la francesa a recorrerse el mundo en busca de alternativas ecológicas. Después de estudiar diferentes técnicas agroecológicas pudo comprobar que su rendimiento puede ser mayor que con técnicas propias de la agroindustria. La gran debilidad de la agroindustria es que se sustenta sobre un modelo dependiente de los combustibles fósiles.

Muchas veces, cuando hablamos de agroecología pensamos que se trata de volver a las técnicas empleadas por nuestros abuelos. No es así, se trata de prácticas mucho más complejas que dependerán de la zona geográfica donde se desarrollen, del tipo de cultivo o del tipo de tierra”, explica la autora. Sin embargo, Robin sí pudo comprobar que todos ellos coincidían en un principio básico: la complementariedad. “Se trata de un principio común mediante el que se busca complementar la biodiversidad del medio, mediante rotación de cultivos o interfiriendo en los ciclos biológicos de los insectos, para prevenir plagas y aumentar la producción”.

La demanda de productos ecológicos por parte de los consumidores ha aumentado proporcionalmente al deterioro de la cadena alimentaria, “pero la oferta todavía no llega para abastecerlos a todos”, apunta Robin. Para hacerla extensiva a todo el mundo no llega con la concienciación del consumidor, que al fin y al cabo es el que más poder detenta con sus decisiones de compra, sino que se necesitan medidas políticas concretas.

Entre las propuestas más urgentes para facilitar el cambio, la periodista cita “la prohibición de la especulación con alimentos, el fomento de la soberanía alimentaria mediante una férrea protección de los mercados y agricultores locales, y el acortamiento de las cadenas de distribución buscando conexiones directas entre consumidores y productores”. Solo mediante la eliminación de los intermediarios y finalistas, explica la francesa, el precio de los alimentos orgánicos se reduciría hasta en un 90%.

Las bases para posibilitar un cambio de modelo están puestas “desde hace muchos años”, pero de no iniciarse una pronta transición, advierte Robin, “no podremos anticiparnos a las crisis alimentarias que resurgirán en cualquier momento”.

domingo, 12 de junio de 2016

La resistencia de la semilla: En Argentina la soja transgénica pasó de 6 millones de hectáreas a 20 millones en 2015

A la física Vandana Shiva le han dicho fanática, oscurantista, que no tiene rigor científico y prefiere un pueblo muerto de hambre a uno alimentado con transgénicos. A pesar de que sus ideas se conviertan en slogan para hipsters y veganos, su discurso es político, lúcido y popular. Ochocientas cincuenta personas asistieron a una de sus conferencias en Buenos Aires. Natalia Gelós la siguió, hablo con ella, con sus antiguos y nuevos seguidores e indagó en los argumentos de sus adversarios.


Sentada ahí, en la mesade este hotel, algo inclinada sobre la pantalla de la laptop, con su rodete entrecano sostenido por un broche, la ruana derramada sobre el hombro izquierdo, se la ve como una mujer ajena a lo que pasa a su alrededor. Al idioma de quienes la rodean y la miran con respeto mientras lanzan un susurro reverencial. Así, sentada, por unos segundos, parece una señora más, enredada en sus pensamientos. Volverá a esa posición varias veces. En el intervalo de cada entrevista, volverá a conectarse. Hablará de sus temas con sostenido entusiasmo: ecofeminismo, alimentos transgénicos y su consecuencia en la vida y en la tierra; Monsanto como la corporación que envenena al planeta. Días antes de fijar un record de público para una charla académica, con 850 personas en la sala, enfatizará sobre la necesidad de crear un nuevo mundo.

Un mundo cuyo secreto se esconde en la fuerza de las semillas de los agricultores orgánicos. Con cada periodista se transformará en una oradora didáctica de sonrisa afable y argumentos filosos y, en cada recreo, volverá rápido a su computadora y se conectará con su actividad alrededor del mundo. Esta mujer de 64 años es Vandana Shiva y, aunque la invitan a hablar desde varios países y la han señalado como una de las personas más influyentes en materia ambiental, mantiene su hogar y su base de operaciones en India, en el mismo rincón donde hace más de treinta años empezó una lucha que la convirtió en uno de los rostros de la resistencia frente a las corporaciones agroindustriales.

Criar hijos y cocinar,  no resulta productivo para el actual patriarcado capitalista, dice Vandana Shiva.

—El ecofeminismo ve eso y es la ventana para entender es una falsa construcción.

Su voz se desparrama por la sala del hotel. Es como si el domingo frío y soleado de la tarde hiciera una pausa, y la cara real y atroz del mundo se corporizara en el aire. Hay algo musical en su voz que se reconoce en videos multiplicados por la web de sus cientos de conferencias en todo el planeta que terminan, casi por unanimidad, con los presentes de pie para aplaudirla. No hay que confundir esa calidez con ingenuidad. A pesar de que algunas de sus ideas tal vez se conviertan en slogan repetido por hipsters distraídos, veganos fashionistas y comunicadores gritones, su discurso es político y lúcido. Por eso se ha convertido en una referente universal, sin pruritos para decir, por ejemplo, que Bill Gates es un ladrón disfrazado de filántropo. Sus fans la han comparado con la Madre Teresa y con Gandhi. Otros tomaron de manera peyorativa esa relación: el diario inglés The Independent ha dicho que ella, al igual que el líder pacifista, es esclava de una visión romántica que poco tiene que ver con la realidad. En The New Yorker han resaltado su pertenencia social, ubicándola como parte de la casta de los brahmanes.

Mueve sus manos llenas de anillos. Debajo de la ruana lleva un sari verde. Más de una vez tocará su bindi, el punto rojo dibujado en su entrecejo. Vino a Argentina para el 3er Festival Internacional de Cine Ambiental (FINCA). Antes estuvo en México como invitada de honor en la Pre audiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos donde se debatió sobre la contaminación transgénica del maíz nativo. El futuro es una semilla y Vandana Shiva es su guardiana: visita cada lugar en el que se libra una batalla para resistir las modificaciones genéticas.

***
La foto los muestra sonrientes en Mar del Plata. Es 1998. Vandana lleva anteojos, por aquel entonces tenía 46 años, y algunos kilos más que ahora. La misma ropa tradicional, hecha por artesanos con fibras naturales. El poeta y periodista Alberto Pipo Lernoud la acompaña junto a otros activistas como María Calzada, pionera en la promoción de alimentos orgánicos, Lucas Chiappe, periodista que desarrolló hace décadas un proyecto sustentable en el sur, y León Gieco. Fue Lernoud quien los convocó a todos. Dos años antes, el entonces presidente Carlos Saúl Menem había autorizado la primera soja transgénica en un trámite de 81 días: tomó como estudios preliminares los realizados por Monsanto. Empezaba entonces un avance a dentelladas del proceso de agricultura industrial y una resistencia tímida pero firme se concretó en 1998, con el primer Congreso en Argentina de IFOAM (Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica). La foto y un par de documentos quedan como registro.

—En aquel momento empezaba la ingeniería genética – dice Lernoud-. Felipe Solá como ministro de agricultura acababa de permitir el uso de plantas de la primera soja transgénica. Nosotros decíamos que era un peligro. Hicimos una declaración y Vandana la firmó, junto a otros, como León Gieco.

El nombre de Shiva empezaba a volverse leyenda. En 1993 le otorgaron el premio Right Livelihood Award, que se conoce como el Premio Nobel Alternativo. Se lo dan en Suecia a aquellos que “trabajan en la búsqueda y aplicación de soluciones para los cambios más urgentes que necesita el mundo actual”. (Edward Snowden lo recibió en 2014).

Desde su Fundación de Investigación para la Ciencia, Tecnología y Ecología había demandado a Monsanto por ensayar ilegalmente sobre terreno indio con la producción de algodón con tecnología Bt. Y ganó por un rato: la empresa no pudo comercializar sus semillas hasta el 2002. Shiva sabía de lo que hablaba y cuando empezó a contar su lucha cautivó a todos. Lernoud dice:

—La imagen era muy fuerte. Hablaba científicamente y con potencia. El problema de los transgénicos y la corporativización de la agricultura y los temas subsidiarios de las corporaciones que han tomado el control de la industria de alimentos no tenía a nadie que hablara como ella.

Lernoud dice que, al contrario de los académicos enfrascados en las universidades, ella le habla “a la gente, con solidísimos argumentos”. Y destaca su trasfondo espiritual: debemos entender que somos parte de la tierra.

Siguieron en contacto. Lernoud la vio algunas veces vio cuando ella padecía problemas de riñones. “Es que no para. Es como una rock star. Todos quieren tocarla, le quieren mostrar cosas”. Su amigo la ha visto discutir de igual a igual con Ministros de distintos países. “Da su vida por esto”, dice.

Cuando conoció su chacra en India se sorprendió al ver cómo su discurso se volvía tangible; eran unas cinco hectáreas plenas de acción. Una reproducción de lo que hoy significa Navdanya: campesinos en pleno movimiento de un lado a otro entre la tierra, entre las plantas, haciendo algo que es pura posteridad: el cuidado del alimento de la mano de las semillas y su crecimiento. Hoy son 750 mil trabajadores en varias provincias de India. En aquellos años no eran tantos, pero el fervor que veía el periodista argentino era el mismo. La tarde de la charla en el Aula Magna de la Facultad de Medicina, Shiva nombró a Lernoud como “su amigo”.
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Un valle al pie del Himalaya; una región de bosques y ríos. Ese fue su primer paisaje. Nació en 1952 en Dehradun, la capital del estado de Uttarakhand, en el norte de la India. Se crió entre los árboles que custodiaba su padre, un conservacionista, y entre las enseñanzas de su madre. Ella había dejado su trabajo en educación para vivir en el campo. De ella aprendió el valor de las mujeres y la sagaz lectura política del mundo. Más de una vez, Vandana Shiva se reconoció como privilegiada, porque pudo estudiar, y estudió. Primero, física, luego un doctorado en filosofía en Canadá. Mientras ella avanzaba en sus estudios, aquel paisaje inicial fue cambiando y con esas alteraciones algo empezó a revolverse en su interior; algo que terminó de explotar cuando tomó contacto con el movimiento Chipko, que nació en 1977. Chipko significa “abrazar”, y eso era lo que hacían los campesinos y los artesanos para impedir el avance desaforado de la industria maderera. En especial, las mujeres tomaban las riendas de esa protesta que nacía entre la furia y el gesto amoroso. Y eso, junto al legado de su madre, comenzó a mover inquietudes que había tenido desde siempre. En 1982, creó la Fundación de Investigación para la Ciencia, Tecnología y Ecología. En 1988 publicó su primer libro, Staying Alive. Escribió más. Pasó los veinte títulos. Algunos, los más importantes: Abrazar la vida: mujer, ecología y desarrollo (1995), Ecofeminismo. Teoría, crítica y perspectivas, junto a Maria Mies (1997), Monocultivos de la mente (2008). Libros que se subrayan, se marcan y discuten.

Hombres y mujeres se ponen de pie para aplaudirla donde se presente. Sea en un pueblo árido de África, sea en la sala de convenciones donde se realizó la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible en Río de Janeiro en 2012.

—Creemos que las semillas tienen libertad. Las semillas son vida y la vida es libertad. Los agropecuarios tienen la libertad de guardar semillas. Las leyes de Monsanto no se interpondrán en el camino de nuestra libertad y por eso fundé Navdanya— dice ahora y los asistentes vitorean como si hubiera terminado un hit. Navdanya es la Fundación que ella creó para luchar por los derechos de los agricultores frente al avance del corporativismo en general y del ingreso de semillas de algodón BT (que tienen en su gen una bacteria que funciona como plaguicida) de la mano de Monsanto en India, en particular.

Con Navdanya armó un movimiento nacional en 1991 y se dedicó a proteger desde allí la diversidad de recursos y de granos, a cuidar la agricultura ecológica, a promover el comercio justo. También fundó una escuela, Bija Vidyapeeth, que promueve la vida sustentable.
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Entra en la sala y todos se ponen de pie, aclaman, aplauden. Ella se queda junto a la mesa y aplaude también al auditorio. Ochocientos cincuenta personas se anotaron para escucharla en el Aula Magna de la Facultad de Medicina de la UBA. Como parte del FINCA, antes de que empiece la entrevista pública que le hará Soledad Barruti, la autora de Malcomidos, el libro que desnuda los secretos de la industria alimentaria nacional, se acomodan en unas sillas para ver un documental breve y bello que se llama Semillas. Muestra el modo en el que llevan adelante sus cultivos unos productores rurales del sur de Brasil: comparten y siembran semillas criollas, ancestrales, utilizadas desde siempre por sus familias.

—Cinco minutos con ella es como estar cinco minutos con el Papa–, dice Beatriz, una productora agropecuaria de Lobos que enumera, como muchos en el aula, sus peleas para defender los cultivos artesanales.

Detrás de la mesa en la que habla Shiva, cuelga el cuadro enorme que pintó Antonio González Moreno: la ceremonia de inauguración del Protomedicato en una de las salas del Cabildo en 1780. Se ven hombres, el Virrey, un general del Ejército, un intendente… ninguna dama. Muy diferente de lo que aquí ocurre, a los pies de la pintura: Vandana, Soledad Barruti, Miryam Gorban, de la Cátedra Libre Soberanía Alimentaria, que minutos antes invita a hacer un tribunal a Monsanto de parte de la comunidad antes del tribunal de la Haya que será en octubre. En el cuadro de González Moreno no hay mujeres como Gorban que dice: “Globalizar la lucha para globalizar la esperanza. Por comer sano, seguro y soberano estaremos todos juntos”. En el cuadro no hay Vandanas Shivas que digan lo que dice ella, vestida en su sari rojo y naranja:

—Todo el que sabe es un científico en el sentido auténtico— dice y mira la imponente sala donde algunos días se dan clases, por ejemplo, de biofísica, y otros se alquila para encuentros culturales–. Monsanto ha invertido millones de dólares para declarar quiénes son los verdaderos científicos. Es un buen momento para el buen conocimiento, la buena ciencia, y para oponer resistencia a la propaganda. Sólo hay que desenmascararlos.

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Tuvo su primer banco de semillas en su casa de la ciudad. Luego sus padres la ayudaron a comprar un pequeño pedazo de tierra. Hoy es un rincón verde y voluptuoso donde pastan vacas flacas, corren perros y la agricultura es tratada con la devoción de quien reverencia un misterio.

En todos estos años, su nombre comenzó a hacerse más fuerte en el mundo y en Argentina. La admiración por ella creció en sintonía con los movimientos que comparten sus ideas.

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Desde finales de la década del noventa hasta la actualidad, un cambio rotundo y silencioso ocurrió en Argentina. La soja transgénica avanzó: de seis millones de hectáreas pasó a veinte millones en 2015. Y si bien se realizaron exportaciones millonarias (estudios del Instituto Gino Germani hablan de 158 mil millones de dólares entre 2002 y 2013), se consolidó un modelo de agricultura que vino de la mano con el uso a destajo de agroquímicos como el glifosato. En paralelo, investigadores analizaron los efectos de ese modelo, agricultores apostaron por la producción orgánica, algunas organizaciones iniciaron la lucha para cambiar el sistema. Algunas cátedras de soberanía alimentaria en las facultades empezaron a abrir la discusión.

La Facultad de Agronomía de la UBA es, de por sí, una irrupción de aire de campo en plena ciudad. Árboles, huertos; las llamas pastan junto a los caballos y las vacas y ven pasar los colectivos con indiferencia. Ahí en 2011 se inauguró la Cátedra de Soberanía Alimentaria a cargo de Carlos Carballo. Un espacio de reflexión donde se cruzan diferentes miradas; proyectos de comercio justo y proyectos sustentables.

Según Carballo el discurso de Shiva ha calado tanto en Argentina porque se está entrando en un profundo debate nacional sobre las semillas y el rol de las transnacionales.

–Monsanto parece corporizar a ese “enemigo” de los pueblos, pero atrás están muchas otras e intereses mundiales que subordinan la vida a meras especulaciones comerciales de corto plazo.

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El Salón de la Provincias está colmado. Afuera, en el Congreso, quedaron unas cincuenta personas que llegaron demasiado tarde y no pudieron entrar. En la sala se agrupan embajadores, senadores, organizadores, algunos productores agropecuarios y todo fluye con mayor solemnidad que el día anterior, en la Facultad de Medicina. Pino Solanas, Florencia Santucho, la directora del FINCA, Marie Monique Robin, documentalista que desnuda el exterminio silencioso de los agroquímicos (y que alguna vez dijo: “Si existe un país en el que Monsanto haya podido hacer todo lo que le viniera en gana sin el menor obstáculo, ese es Argentina”. Junto a ellos, en la larga mesa, Vandana Shiva mira con interés el enorme vitral que corona el techo. Esta vez no hay aplausos ni gritos, pero todos la miran atentos.  El encuentro es parte de las reuniones de la Comisión de Ambiente y Desarrollo Sustentable del Senado de la Nación. Pino Solanas, su presidente, habla sobre la necesidad de pensar otro modelo agropecuario, de prescindir de las semillas de manufactura genética y su fumigación con tóxicos, y tira un dato tan simple como inquietante: “La lechuga que comés en la ensalada tiene entre quince y veinticinco agrotóxicos encima. Nació con ellos. Están en la estructura sistémica de la planta. No es algo que se vaya con lavandina o vinagre”. Menciona un análisis de la Universidad de La Plata sobre la lluvia que cae en las zonas rurales donde se utilizan agroquímicos: encontraron glifosato en sus gotas. Vandana Shiva señala el vitral. Su discurso es más formal que el del día anterior, pero mantiene su candor.

—Le preguntaba a Florencia Santucho (la directora del Festival) qué significaba esa obra de arte – habla y mira a todos, sonríe- . Me dice que tiene que ver con la independencia y la libertad. Los alimentos hoy son fuente del colonialismo.

Esta vez hablará de las patentes, de la piratería, de la soberanía alimentaria desde las legislaciones y los modos de afrontar el tema por parte de los gobiernos.

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No todos se fascinan con ella. La revista Forbes la llama la celebrity anti transgénicos. En una nota de 2014 reúne las voces de quienes han criticado a Shiva a lo largo de su historia. Uno de ellos, por ejemplo, es el periodista Mark Lynas, que ha venido a Argentina a dar charlas y a defender el uso de transgénicos. Lo vinculaban con Greenpeace y fue la propia ONG la que salió a despegarse: en el 2014 la organización hizo circular un comunicado donde aclaraba que nada tenían que ver con Lynas, que primero fue militante antitransgénicos y luego pidió disculpas públicas y pasó al bando opuesto. A Shiva le han dicho fanática, oscurantista; le han dicho que no tiene rigor científico y que prefiere ver un pueblo muerto de hambre a uno alimentado con transgénicos (esto lo dijo C.S. Prakash, un profesor indio que defiende ese tipo de industria de transgénicos). Varias páginas se dedican a rastrear los vínculos entre esos defensores de los transgénicos y terminan por vincular a los autores con las empresas que aseguran defender con objetividad.

En el 2014, por ejemplo, un artículo sobre Shiva en The New Yorker, titulado Seeds of doubts (Semillas de la duda), firmado por Michael Specter relativizaba varias de sus banderas. Shiva se detuvo a responder cada una de las cuestiones que ponía en duda el periodista. Tuvo un par de palabras para él y para todos quienes aseguran que no es digna de ser llamada científica: “Mi educación no se ajusta a su narrativa (…) A Specter y a la industria biotecnológica (y a The New Yorker, por asociación) les gustaría identificar a los millones de personas que se oponen a los transgénicos como no científicas, románticas. Mi educación es, obviamente, una espina en su costado”. La polémica siguió: el editor general de la revista, David Remnick, hizo otro descargo.

Ahora, sentada en el living del hotel en San Telmo, dice: “Son medios pagos. Si alguien viene y me habla, yo espero que tenga integridad y dignidad. El hombre del New Yorker de hecho me mintió. Me reuní con él unos quince minutos en el encuentro de Naciones Unidas. Él no me conoció realmente. Claro, The New Yorker fue comprado por Condé Nast, que tienen estrecha relación con Monsanto. Entonces ya no sorprendió tanto”.

—¿Pasa en todos los niveles?

 Lo que pasa con los medios pasa con la ciencia. Y lo que pasa con la ciencia es lo que pasa con los gobiernos. Para mí, ese es el gran desafío de nuestro tiempo. Yo no cuento con cinco días en mi vida para venir a Argentina. Yo los creé. Los creé porque necesitamos solidaridad. Estamos en tiempos donde la concentración de dinero está en pocas manos y para ellos nada importa. Un 1% de poderosos está tomando las decisiones sobre el planeta y están destrozándolo y destrozando nuestras libertades. Tenemos que ver ese patrón en todos los niveles.

—¿Lo que come, lo que viste también coincide con tus ideas en todos los niveles?

—Mi madre fue muy activa en la independencia de India y me decía que cuando compraba ropa hecha a mano, una mujer podía llevar comida para sus hijos. Este sari hecho mano, cada una de estas prendas ha sido teñida a mano, usando la creatividad. Cuando uso ropa o cuando se trata de alguna forma de apostar a la belleza, al conocimiento, y me niego a pensar que esto (agarra su ropa, la mueve)  es una mercancía. Creo que lo que usás y lo que comés definen tu relación con el mundo.

—¿Hizo muchos sacrificios en todos estos años de lucha?

—Dejé mi carrera académica, la posibilidad de ser parte de una elite. Decidí ser una nadie. Venir aquí a Argentina es un sacrificio, tomar este tiempo lejos de casa, de la familia, es sacrificio. Pero lo hago.

Es la rock star de la tierra, la papisa, la chamana, la científica. Shiva no le teme a los caprichos de quienes levantan el dedo para decir quién es digno de la ciencia. Invita a poner en crisis el concepto.Cuando tiene que discutirles, les discute.Pero, en general hace camino entre los que no necesitan de pizarras impolutas y cócteles para saludar a empresarios. En una charla con Daniel Viglietti, Atahualpa Yupanqui decía en 1986: “El hombre es tierra animada”. Lo recuerda Lernoud cuando habla de Shiva. Lo deja entender Carballo cuando habla de su importancia. Hay un hilo, una red que atraviesa fronteras y años. Ironías del lenguaje. “El hombre es tierra que anda” ¿No es acaso una concepción ecofeminista? Como sea es una invitación a las raíces, a la tierra, hacia ahí, donde Vandana Shiva también mira. Ahí, donde brotan las semillas.
Fuente: www.revistaanfibia.com

domingo, 5 de junio de 2016

DÍA DEL MEDIO AMBIENTE. Entrevista: Jane Goodall: "Llevamos un estilo de vida loco e insostenible"


Es famosa, sobre todo, por sus investigaciones sobre los chimpancés en África, pero Jane Goodall (Londres, 1934) es mucho más que una primatóloga. La científica británica se ha convertido en una apasionada activista por el medio ambiente. Sus 82 años no han frenado su intenso ritmo de vida y de trabajo, centrado en desarrollar proyectos de conservación y en concienciar a la población sobre el «loco e insostenible estilo de vida» que llevamos: «Por eso viajo 300 días al año», relata a EL MUNDO durante una entrevista en Madrid, donde impartió una conferencia organizada por National Geographic.

 Para Goodall, los niños son particularmente importantes así que buena parte de sus actividades se dirigen a ellos. Los programas que desarrolla a través de su fundación (Instituto Jane Goodall) están centrados en tres aspectos: ayudar a las personas, a los animales y al medio ambiente. «Debemos aprender a vivir en armonía los unos con los otros, entre países, religiones, culturas y con la naturaleza».

La primatóloga urge a todos los ciudadanos a ponerse en marcha: "Cada uno de nosotros marca la diferencia cada día. Pensando en las consecuencias de lo que compramos, lo que llevamos, lo que hacemos, cómo actuamos y tratando de ser más éticos. Cuando miles de millones de personas se comporten así, se producirá un cambio", sostiene.

¿En su opinión, cuáles son los problemas más graves que afectan a la Tierra en la actualidad?

Hay tres problemas principales que conducen a todos los demás. Uno de ellos es la pobreza extrema. Destruyes el medio ambiente en un intento desesperado para sobrevivir. Para plantar más cultivos talas más árboles, por ejemplo. Por otro lado, el estilo de vida de la mayoría de nosotros es insostenible, loco y materialista y no presta atención a las próximas generaciones. Nosotros somos los que consumimos los productos que están destruyendo los bosques como, por ejemplo, el aceite de palma. Es ridícula la idea de los economistas de que debemos tener un crecimiento ilimitado y continuo, que se traduce en instar a la gente a comprar más y más cosas. El tercer problema es el crecimiento de la población porque tenemos un planeta con recursos naturales limitados. Se ha establecido que en la actualidad todo el mundo tiene que tener un estilo de vida como el de una persona de clase media. Necesitaríamos probablemente cinco, o quizás seis planetas, pero no los tenemos. Así que se trata de un problema enorme que nos está conduciendo al cambio climático debido a la destrucción de los bosques y la acidificación de los océanos, ya que hay más CO2 en la atmósfera al haber menos bosques que lo retienen. Y además, está aumentando el consumo de carne en todo el mundo a medida que los países van haciéndose más ricos. Sin tener en cuenta la crueldad que sufren miles de millones de animales, hay enormes áreas de bosques que se talan y son dedicadas a cultivar grano para alimentar al ganado. Para transportar el alimento al ganado y la carne a la mesa hay que quemar combustibles fósiles, causando más emisiones de CO2 a la atmósfera. Y a todo eso hay que añadir que los animales producen metano, que es un gas incluso más virulento que el CO2 para el efecto invernadero.

¿Cuál es su valoración sobre el acuerdo alcanzado en la Cumbre del Clima de París de diciembre?

Estuve allí. Hubo mucha emoción porque había 195 países firmando este acuerdo. Pero durante las dos semanas de negociación, por ejemplo, en Reino Unido se dieron más de 20 permisos para hacer fracking. Y esto muestra cuánto importa realmente ese acuerdo a los gobiernos. No significa nada. Pero ha servido para tomar conciencia del problema. Reunir a tanta gente para hablar de estos asuntos es positivo.

¿Qué medidas deberían tomar los políticos, en su opinión?

No hay que olvidar que los políticos son elegidos por la gente. Les votamos nosotros. Y ellos hacen cosas para que volvamos a reelegirlos. Desafortunadamente, el dinero de muchas campañas suele venir del mundo de los negocios, de grandes corporaciones. Hay una asociación entre políticos y empresas que propicia la corrupción. Pero somos los consumidores los que podemos decidir qué productos comprar y cómo actuar.

Cientos de activistas por el medio ambiente han sido asesinados en los últimos años ¿Se ha sentido alguna vez amenazada?

Realmente no. Quizás por mi posición y porque voy a muchos sitios. Sí he estado en situaciones en las que me he enfrentado a empresas. Por ejemplo, a una compañía que demandaba a todos aquellos que les criticaban. Yo esperaba una demanda. Me dijeron que tuviera cuidado, pero finalmente no me demandaron. No se atrevieron.

¿Cómo está afectando el cambio climático a los animales?

Depende del país y del tipo de hábitat, pero está claro que está afectando a las especies animales de muchas maneras, y de formas que todavía desconocemos. Por ejemplo, en las migraciones. Y por supuesto no sólo a los animales. También a las personas. Ya hay refugiados climáticos por las inundaciones. Estamos comportándonos de forma muy estúpida.

Trabaja con simios desde hace décadas y ha desarrollado numerosos programas de conservación. ¿Cuál es en la actualidad la situación actual de los chimpancés en particular y de los grandes simios en general?

Todos los grandes simios están en peligro. Probablemente los orangutanes son los que peor están porque la industria de cultivos de palma aceitera en Indonesia está destruyendo los bosques muy rápido. Su situación es realmente terrible. Pero también en ciertas partes de África, los chimpancés, los gorilas y los bonobos están perdiendo su hábitat. Y todavía algunos mueren al ser tiroteados para robar a los bebés. Se ha abierto un gran mercado en Asia, para tenerlos como mascotas o entretenimiento, sobre todo en China.

¿Cree realmente que algunas especies emblemáticas como los leones o los tigres van a desaparecer o sólo podremos verlos en zoológicos?

Vamos en esa dirección, pero creo que finalmente no va a ocurrir. Pienso que estamos a tiempo de salvar estas especies si logramos concienciar a la gente trabajando en los países en los que viven estos animales amenazados por la extinción. El turismo puede ayudar y aliviar la pobreza. Por ejemplo, los chimpancés viven en zonas donde las personas son terriblemente pobres, y comen su carne porque tienen que hacerlo.

¿Qué aspecto del comportamiento de los chimpancés le ha sorprendido más durante todas estas décadas de estudio?

Las mayores sorpresas llegaron hace tiempo. La mayor fue su brutalidad, el hecho de que tienen un lado agresivo y violento. Fue impactante. Afortunadamente, los machos también pueden ser altruistas y cuidar a bebés huérfanos. Llevo 55 años estudiándolos y todavía me siguen sorprendiendo cosas de los chimpancés.
Fuente: elmundo.es

martes, 24 de mayo de 2016

Los electrones: el motivo por el que los zapatos en realidad nunca tocan el suelo

Alberto Casas, profesor de Física Teórica, habla sobre la importancia de estas partículas descubiertas hace casi 120 años y que hoy en día aún esconden los misterios más importantes de la física


El 30 de abril de 1897, el físico británico Joseph John Thomson estaba de enhorabuena. Podía decir que había descubierto una partícula que nunca nadie había visto, en una época en la que el teléfono era un invento reciente. Aquella escurridiza partícula era el electrón. Gracias a sus trabajos con rayos catódicos, un fenómeno que ocurre cuando una corriente eléctrica pasa a través de un tubo de cristal al vacío, al científico se le ocurrió que los átomos en realidad no eran indivisibles, sino que había partículas aún más pequeñas: los corpúsculos.

Aquellos corpúsculos, que luego se llamaron electrones, son hoy reconocidos como los principales protagonista de las reacciones químicas, de las propiedades de la materia, de los colores, de la electricidad y de la tecnología digital. Son los responsables de que, aunque «la materia esté hueca», los objetos no se atraviesen unos a otros. Alberto Casas, profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Física Teórica, IFT-UAM-CSIC, no solo reconoce la enorme importancia del hallazgo de Thomson, sino que sitúa al electrón en el ojo del huracán de la física cuántica más de un siglo después.

-¿Qué importancia tuvo el descubrimiento de Thomson?

Tuvo una enorme importancia. Thomson demostró que los misteriosos rayos catódicos estaban compuestos de partículas minúsculas, algo que fue inmediatamente reconocido por la comunidad científica. Por ejemplo, en 1900 Henry Becquerel demostró que la «radiación beta» emitida por ciertos tipos de átomos estaba compuesta de las mismas partículas. Esto afianzó la idea de que los electrones formaban parte de los átomos.

-Hoy en día, ¿el electrón es una partícula de la que ya se sabe todo, o sigue estando en el centro de la investigación?

El electrón pertenece al selecto de grupo de partículas que, hasta donde sabemos, son genuinamente elementales. Por ejemplo, el protón y el neutrón no lo son, ya que están hechos de quarks (otras partículas de ese selecto grupo). Desde ese punto de vista, comprender las propiedades del electrón es un problema fundamental de la física básica.

De hecho, hay bastantes de esas propiedades que entendemos, es decir podemos explicarlas a partir de hechos más básicos; pero la mayoría siguen siendo un misterio. Entre las que entendemos está la estructura de sus interacciones.

Además de la interacción gravitatoria, el electrón siente la interacción electromagnética (debido a su carga) y la interacción débil (otro tipo de interacción fundamental). La manera en la que siente esas interacciones está impuesta en gran medida por ciertas simetrías matemáticas que poseen las ecuaciones de la física. Entre las propiedades que no se entienden están la magnitud de su masa y su carga eléctrica.

El electrón es unas 2000 veces más ligero que el protón, aunque posee la misma carga eléctrica (en negativo), y nadie sabe por qué. Desde ese punto de vista, el electrón, junto con sus compañeras elementales, está efectivamente en el centro de la investigación en física teórica.

-¿Cuáles son los fenómenos más importantes en los que está implicado el electrón?

El electrón está implicado en una verdadera infinidad de procesos físicos, en realidad en la mayoría de ellos. Esto es así porque los electrones son la parte externa de los átomos, y la más ligera y «flotante». Eso hace que sean los responsables principales de todas las propiedades de la materia.

Por ejemplo, son los responsables de que haya unos cien elementos químicos, y de las propiedades de estos y de todas sus combinaciones; es decir de todas las sustancias ordinarias. Casi cualquier propiedad de una sustancia que consideremos, está determinada por los electrones. Pensemos, por ejemplo, en los colores: los objetos absorben la luz cuyos fotones tienen una energía que coincide con los saltos energéticos de los electrones (los cuales dependen a su vez del tipo de molécula que forma el objeto); la luz que no puede ser absorbida es reflejada, produciendo el color que percibimos. Los electrones son también los causantes de todos los procesos químicos, por ejemplo todos aquellos que dan lugar a la vida.

Desde el punto de vista práctico, los electrones y sus propiedades (descritas por la mecánica cuántica) son la base de toda la microelectrónica y la tecnología digital en la que estamos inmersos. Son también las partículas que corren por los circuitos eléctricos y que hacen posible que los electrodomésticos funcionen. En resumen, ¡el electrón es un gran amigo de la Humanidad!

 -Cuando tocamos algo, ¿estamos tocando sus electrones? Tengo entendido que la materia «está hueca» y que los núcleos atómicos están en el interior de una zona extensa en la que oscilan los electrones.

Sí, en esencia esto que dices es correcto. Intuitivamente, tendemos a pensar que los cuerpos no se atraviesan unos a otros porque el espacio que ocupa un no puede ocupado por otro. Por ejemplo, esa sería la razón por la que un libro sobre una mesa permanece encima de ella, y no la atraviesa y cae hacia el suelo.

Sin embargo, la materia apenas está «llena» de partículas, los espacios entre núcleos atómicos son inmensos en comparación con su tamaño, y están poblados solo por unos cuantos electrones (que por lo que sabemos son partículas puntuales, sin dimensiones). De hecho, en principio la materia se puede comprimir hasta extremos formidables (la densidad de una estrella de neutrones es equivalente a comprimir un Boeing 747 al tamaño de un pequeño grano de arena).

-Entonces, ¿por qué no se atraviesan los cuerpos?

La razón es la repulsión entre las nubes de electrones que rodean a los núcleos. Esta repulsión es de tipo electromagnético (las cargas negativas repelen a las negativas) y está también relacionada con aspectos cuánticos de la materia (principio de exclusión de Pauli). Pero, en definitiva, la repulsión entre los electrones de la materia es la que impideque los objetos se atraviesen unos a otros como si estuviéramos en una película de fantasmas.

Y cuando «tocamos» un objeto, lo que sucede es que las nubes de electrones de los átomos de nuestra mano y del objeto se repelen y retroceden imperceptiblemente, pero realmente no se llegan a tocar. Cuando estamos de pie, realmente nuestros zapatos no «tocan» el suelo, sino que estamos «flotando» a una distancia imperceptible (extraordinariamente pequeña) del mismo. Fuente: abc.es

Descubren el origen de todo el oro y la plata de la Tierra

Una antiquísima y cercana galaxia, llamada Retículum II, puede ser la clave de la procedencia de estos elementos pesados


Al principio de los tiempos, cuando el Universo acababa de nacer, todo, o casi todo, era hidrógeno. 

Los elementos pesados que nos rodean en la actualidad no existían, y fueron fabricándose poco a poco en los hornos nucleares de millones de estrellas que, al morir, los liberaron al espacio. Así, esos materiales pesados fueron incorporados por nuevas generaciones de estrellas, entre ellas el Sol, que gracias a ellos pudieron formar a su vez planetas sólidos, como el nuestro.

A pesar de ello, existen algunos metales muy pesados, los más apreciados en la Tierra, cuyo origen no es tan sencillo de explicar. Los científicos, en efecto, llevan décadas intentando averiguar el origen de elementos como el oro, la plata o el platino. Y ahora, por fin, creen haberlo conseguido.

Para "fabricar" estos elementos tan pesados se necesita una increíble cantidad de energía. Tanta, que hasta ahora nadie se explicaba cómo podían siquiera existir en el Universo. Sin embargo, el descubrimiento de una antiquísima y cercana galaxia enana, llamada Retículum II, a "solo" 98.000 años luz de distancia, lo ha cambiado todo. Y es que esta pequeña y oscura galaxia satélite de nuestra Vía Láctea posee estrellas que contienen una cantidad realmente enorme de materiales muy pesados, entre ellos oro, plata y platino.

"Comprender cómo estos elementos tan pesados pudieron llegar a formarse es uno de los problemas más difíciles de la física nuclear", afirma Anna Frebel, investigadora del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT) y autora principal de un estudio que acaba de publicarse en Nature. "La producción de estos elementos tan pesados -prosigue- requiere de tanta energía que resulta imposible fabricarlos experimentalmente. Sencillamente, su proceso de fabricación no funciona en la Tierra. Por eso, hemos tenido que usar estrellas y otors objetos cósmicos como laboratorio".

Descubierta hace menos de un año, la pequeña Reticulum II está en órbita de nuestra galaxia, la Vía Láctea, y es una de las galaxias enanas más cercanas encontradas hasta ahora por los astrónomos. Se la considera una de las mejores candidatas para detectar materia oscura, y ahora se ha convertido también en el mejor lugar para averiguar cómo nuestros elementos favoritos se originaron en el Universo y cómo llegaron hasta la Tierra.

Analizando la luz procedente de varias de las estrellas más brillantes de Reticulum II con los telescopios Magallanes, en Chile, Frebel y su equipo pudieron determinar que contienen una cantidad "masiva" de elementos como oro, plata y platino. Y es del todo es imposible que estas estrellas los hallan fabricado por sus propios medios. "Cuando comprobamos con nuestro telescopio enorme cantidad de metales pesados en esa primera estrella -recuerda Alexander Ji, uno de los miembros del equipo- nos quedamos estupefactos. Además, la estrella se veía mal, como si no perteneciera a esa galaxia. Pasé mucho tiempo asegurándome de que el telescopio estaba apuntando en la dirección correcta".

Elementos muy pesados como el oro, el uranio o el plomo se crean mediante un sistema que los científicos conocen como "proceso-r", nombre que deriva de los términos "captura rápida de neutrones". Ya en 1957, los físicos Hans Suess y Harold Urey demostraron que era necesaria alguna forma de captura rápida de neutrones para forjar esta clase de elementos, y que todos ellos debieron empezar a existir en alguna parte del Universo, en un lugar en el que se dieran condiciones extremas y hubiera una enorme cantidad de neutrones disponibles.

Explosión de estrellas
Según su hipótesis, la explosión de estrellas gigantes o la fusión de estrellas de neutrones (las más densas que existen) eran los escenarios más probables para que algo así sucediera, aunque Suess y Urey nunca lograron pruebas de que algo así sucediera realmente, por lo que el origen de los elementos "proceso-r" siguió estando envuelto en el misterio. Ahora, sabiendo que las colisiones de estrellas de neutrones son relativamente comunes durante las primeras etapas de la formación de galaxias enanas como Reticulum II, el equipo liderado por Anna Frebel ha determinado que Suess y Urey tenían razón.

De esta forma, elementos pesados como el oro, la plata, el plomo, el platino y otros elementos "proceso-r" se crearon durante las explosiones de estrellas de neutrones en el interior de galaxias enanas, pasaron después a formar parte de nuevas estrellas y asteroides y terminaron por estar presentes en nuestro planeta. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que todo el oro "original" de la Tierra, el que contribuyó a la formación de nuestro planeta, se hundió en su núcleo, ya que la Tierra primitiva era una gran bola de materiales fundidos, y los materiales más pesados se hunden en el centro. Por ello, todo el oro del que disponemos en la actualidad, el que está cerca de la superficie terrestre, procede, sin excepción, del impacto de asteroides.

"Como hemos dicho -puntualiza Frebel- el oro al que tenemos acceso no se formó en los asteroides, sino durante la fusión de estrellas de neutrones. Después se mezcló en la nube de gas y polvo a partir de la que se formaron todos los planetas y asteroides de nuestro sistema. Y después todo ese oro fue transportado a la Tierra".

Además, y debido a que la fusión de esta clase de estrellas eran muy poco frecuentes en el Universo primitivo, los investigadores piensan que todo el oro, la plata y el platino que utilizamos en la Tierra proceden, probablemente, de una única colisión estelar sucedida cerca de nuestra galaxia. Quizá en el seno de la propia Reticulum II... Fuente: www.abc.es